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lunes, 20 de agosto de 2018

Gazpacho Nacional

"Españoles son aquellos...que no pueden ser otra cosa", lapidaria frase que pronunciase Cánovas del Castillo cuando se planteaba la redacción del primer artículo de la Constitución de 1876, aquella que amparase el turnismo político y también el caciquismo, prácticas que por otra parte, siguen vigentes a día de hoy. Es cierto que somos incorregibles, como pueblo y como país, que son dos cosas distintas, dado que no aprendemos de los errores del pasado e incidimos en los mismos males que ya en el siglo XVI quisieron solventar los "arbitristas" y el en el XIX los "regeneracionistas". Estos problemas no son otros que un nivel cultural bochornoso, una clase política arribista y endogámica, una falta de compromiso y de objetivos compartidos, aderezado todo ello, con un alto grado de desconocimiento de lo que ha sido nuestro pasado y del que en buena medida depende nuestro pobre presente. 
Un error común, a mi entender, es considerar España como un territorio unificado por distintos elementos integradores tales como la lengua, o la religión, puesto que siempre han convivido tanto idiomas como credos, en mayor o menor grado de animadversión. A nivel territorial, la España que algunos quieren ver ha sido tan sólo una quimera, puesto que es cierto que las Españas fueron imperio antes que país, y así lo entendieron sus monarcas, desde los Reyes Católicos hasta Felipe II, e incluso el primer Borbón, mantuvo en esa España, privilegios territoriales a los que apoyaron su candidatura en la terna contra el austriaco, sin que eso supusiera problema alguno. España no se puede romper, siempre ha pervivido con muchas costuras que engrandecen nuestro pasado como muestra de convivencia política, territorial, lingüística o cultural. Sin estos resortes es difícil entender España. Ahora bien, cuidado con malas interpretaciones, así desde el mismo momento en que todos aceptamos un marco de convivencia común que llamamos reino de España, y nos guiamos por un texto constitucional aprobado en 1978, se deben compartir esfuerzos en pro de este contrato, y no tirar cada parte hacia el lado de sus intereses propios  obviando ese compromiso común. El nacionalismo está destrozando el "abrazo" del 78, convirtiéndose en negocio para unos pocos y lavado de cerebro para mastuerzos con ínfulas de grandeza y altas dosis de incultura. Aunque he de reconocer, como extremeño que soy, que el invento nacionalista del siglo XIX, ha sido tremendamente rentable para las mal llamadas "comunidades históricas", o periféricas, que se han nutrido y enriquecido al tiempo que territorios como Extremadura han sido ignorados, olvidados, vejados por todos, incluso por los propios extremeños, siempre.
A día de hoy, agosto de 2018, vivimos tiempos inciertos, la Moncloa está dirigida por Pedro Sánchez, que ha llegado a la misma por la primera moción de censura que ha triunfado en toda la historia de la no muy longeva democracia española. Tras los gobiernos de Felipe González y José Luís Rodríguez Zapatero, el socialismo español alcanza de nuevo el poder, en este caso por la puerta trasera, con poco apoyo parlamentario y demasiados préstamos que devolver para mantener el sillón presidencial. El presidente "ocupa" como le llaman en algunos mentideros de la capital, preside un gobierno inestable abocado a dar golpes de efecto y hacer malabarismos para no caerse con todo el equipo. Todos aquellos que apoyan al nuevo gobierno, legal, pero sin pasar por las urnas, exigen el pago de sus apoyos, y como siempre, determinados territorios, aquellos con representación en Madrid, serán beneficiados, y por contra, también los de siempre, obviados. Hay que cambiar el sistema electoral que da cabida a partidos nacionalistas cuyo único objetivo es sacar tajada del estado  en beneficio propio en detrimento de otros territorios libres de ser "históricos", a pesar de Emerita Augusta, el reino Aftasí, Maltravieso o Cancho Roano.  
Parte de este lodazal patrio viene generado por un proceso de Transición que no fue tan idílico como nos han contado, en el que los políticos que participaron en el mismo se movían por los mismos intereses que los actuales, es decir, cuotas de poder e influencia, sillones, y millones, en pro de la democracia, y en la que "el pueblo" fue dejado de lado, como siempre, sabiamente aconsejado por tan insignes personalidades, que alumbraron una Constitución moderna, democrática, pero también con un enorme desequilibrio territorial, y cerrando por la puerta falsa un proceso de conciliación colectiva, que no se ha dado, perviviendo gran parte del cisma del 36, y de los cuarenta años de fractura franquista. Por supuesto que los generales franquistas lo siguieron siendo en 1976, igual de cierto que los  comunistas no se hicieron demócratas después del "pelucazo" de Carrillo, o que  los socialistas tuvieron que aprender su propia ideología después de cuarenta años de vacaciones, que dijeran sus rivales políticos. 
En este panorama, aquellos que en octubre del 75, aclamaban a voz en grito al caudillo en la Plaza de Oriente, se hicieron dos semanas después monárquicos hasta el tuétano, como si aquello de ser republicano fuese de pobres, o de apostatas empeñados en violar monjas y quemar templos. Después de casi cuatro décadas de Monarquía Parlamentaria, los que pensamos en una España republicana, seria, pujante, moderna, y de futuro, nos encontramos con que nuestro principal adalid y apoyo, son los propios reyes, en concreto, el emérito Juan Carlos de Borbón, que dejó de ser el Breve, para montarse en una moto y dilapidar dinero de los españoles, en fiestorros, cacerías y amantes oficiales, al son de Viva la Democracia. ¡Que gazpacho de país!
Mientras nuestros dirigentes se broncean, siempre por y para los españoles, el tema de moda en los medios de comunicación es Cataluña, en un mes, cuando se inaugure el curso político, seguirá siendo Cataluña, si no el País Vasco, y en Extremadura nos manifestaremos por un tren digno en Madrid, el 8 de septiembre día de nuestra región. ¿Conseguiremos algo?, pues pasar el día en la capital y asombrarnos con las maravillas de la técnica, viendo escaleras mecánicas que se mueven solas, y extraños trenes que no se paran y discurren por debajo del suelo, metros los llaman. Fuera de la broma, poco conseguiremos, no tenemos representación en Madrid, no sabemos protestar, y nuestros dirigentes regionales son planos, flojos, blanditos, y yo diría que hasta cortesanos. 
No se puede entender un país de progreso con una mitad a 100 revoluciones y otra a 25, tan sólo es concebible si el tinglado que hemos montado necesita para controlar al conjunto el apoyo de las partes privilegiadas, conformando un monstruo que acabará por deglutir al resto. Un ejemplo sirve gráficamente, de Cataluña se marchan miles de empresas, tiene más de seiscientas mil,  en Extremadura tenemos unas setenta mil, poco que comentar. 
Para finalizar me gustaría hacer una pequeña reflexión hacia aquellos que defienden periodos del pasado sobre la actual y poco justa democracia del presente, que al menos no mata, todos, en nombre de la monarquía, de la nobleza, del terrateniente, del cacique, o de la red clientelar del Ayuntamiento, todos digo, han contribuído al atraso de nuestra región, es hora de agarrar el toro por los cuernos, hemos de formarnos, y gritar muy fuerte para tener cabida en este gazpacho patrio, al menos para  ser un ingrediente indispensable en el mismo, o si no, romper todo el recipiente.  Que tengan buen día.

miércoles, 17 de enero de 2018

El Mercado del Nacionalismo

No sabía muy bien qué título poner a este escrito, y les explico a qué me refiero con esta duda de partida. En los últimos meses la situación, ya de por si anómala, en el funcionamiento de la política patria, ha degenerado en un esperpento que ya quisiera el bueno de Valle Inclán haber vivido. No me quiero referir desde aquí a la situación de Cataluña, es precisamente querer combatir a este nacionalismo de mercado, pesetero e interesado el motivo que gesta este artículo y no sólo me refiero a los que viven del negocio catalán, sino también al resto del país, abanderado por los medios de comunicación, que siguen el cuento a este hartazgo generalizado. Es un verdadero coñazo poner cualquier medio de comunicación en este puñetero país, a todas horas, todos los días, la misma cantinela, el asunto del nacionalismo  catalán que nunca se acaba y que se ha convertido en el heredero del nacionalismo vasco, que copó los anteriores cuarenta años de la "actualidad" nacional. 
Lo que pudiera tener de interesante este asunto, ha devenido con el abuso, en una situación cómica que aburre, cansa y harta al resto de los que formamos parte de este trozo de tierra y sentimientos encontrados que llamamos España. En nuestro país, nos encontramos una serie de territorios, que jamás, (y es jamás en su más rotunda contundencia) salimos en medio de comunicación alguno, y la verdad, que sólo se hable de los mismos siempre, sin posibilidad de conocer otras realidades, más allá de este nacionalismo cutre, idiota y de mercadeo es molesto, ofensivo y hasta, si me permiten, triste. Al resto de España, nos la pela, y siento el término vulgar, pero no negaran que expresivo en su verbalización, que Cataluña haga  tal cosa o deje de hacerla, a mi, como extremeño, lo que me interesa es que mi tierra siga adelante, que tengamos un tren digno, que recibamos más turismo, que el paro baje, que se cobre más, que la distancia con el resto de España, fruto del caciquismo y el abandono se reduzca, que la universidad extremeña mejore, que mis gentes se formen y luchen por lo nuestro, que es lo del conjunto del país, que seamos por una vez vanguardia,  y representemos algo en el país. Todo esto pasa por dejar de hablar tanto de algunos territorios y empezar a mostrar otras realidades que vayan más allá de la esquina nororiental ocupada por Cataluña, diluyendo, no obstante,  las cortinas de humo que vienen bien a vividores, medios de comunicación  y políticos. Hay que apoyar, no tanto con subvenciones y miserias, sino mostrando en  los medios de comunicación las potencialidades de aquellos territorios hoy vedados y excluidos.
La culpa aquí no sólo es de los que viven de la pantomima excluyente del rancio nacionalismo catalán, que es un vano empeño en no querer ver más allá de su propia nariz, puesto que todos, catalanes, extremeños y hasta vietnamitas de cuarta generación, pertenecemos al genero humano y nos diferenciamos muy poco unos de otros. Lo que sea ir más lejos de tamaña verdad, es rizar el rizo y construir diferencias donde no existen, al abrigo de la pela, que es como los pelos del culo, digan lo que digan abrigan. El Nacionalismo catalán ,planteado como esta a día de hoy, no es bueno ni para Cataluña, ni mucho menos para España Por ello, yo quiero que en este país se tenga en cuenta al menos a otros 35 millones de españoles silenciados en los medios de comunicación. Que hartazgo coño. Entiendo que hablar de la situación de Extremadura, región pobre, bastante poco habitada, donde no hay mucho granero electoral, es menos rentable que hacerlo de otros lugares, pero oigan, aquí también tenemos nuestras necesidades, en algunos casos muy superiores a las del resto de lugares, por ser tierra, de todos es sabido, de latifundio, señoritos y miseria, paliada en gran parte en los últimos años democráticos. Pero aún así, Extremadura es Extremadura, y debemos seguir peleando por existir, por tener la importancia que se tuvo en tiempos de Roma, o con los musulmanes. No se puede vender el tema de la peculiaridad de un territorio como aspecto para querer recibir más que el resto, como hacen los mercaderes del nacionalismo, porque si esto es así, más peculiaridades que Extremadura no se tienen en la mayoría del país.
Hemos convertido todo asunto de actualidad en un completo espectáculo de consumo en los medios, y hay cosas que deberían ser más serias, no apelando tanto al mercadeo  y buscando más la lógica que da una dimensión proporcional a la importancia de cada asunto. En dicho sentido el "conflicto" catalán está recibiendo un trato desmesurado, ni es tan indispensable  ni al resto nos importa en tamaña magnitud. En el polo opuesto se encuentran los territorios olvidados, tanto por la Historia como por la dinámica de la actualidad. 
Por tanto, señores de la Televisión española, de cadenas privadas nacionales, desde Antena Tres hasta la Sexta, pasando por Cuatro y Telecinco, hagan un esfuerzo por abrir el abanico informativo y tengan en cuenta a otros lugares y realidades, porque sepan ustedes que el camino cansino por el que transitan, al resto de pasajeros obligados, nos tiene ya hasta los mismísimos huevos. Buena tarde señores, y tomen nota los aludidos. 

viernes, 17 de noviembre de 2017

"Malditas las Guerras"


Aquella mañana de julio, era bien temprano cuando Antonio salió de su casa, tan temprano que “la fresca” todavía permitía respirar, el verano es muy duro en la provincia de Badajoz. Su mujer embarazada había quedado en la cama, para qué levantarse tan temprano, tiempo habría de asarse a lo largo del día. Decidió dar un largo paseo, luego iría a ver a su hermano Rafael, pero de momento le apetecía caminar. La cosa estaba muy tensa en el país, y las pocas noticias que llegaban eran confusas, y alguna de ellas poco tranquilizadoras. Era ya una evidencia que algunos generales africanistas se habían levantado en armas en contra de la República, pero de momento, el gobierno de Madrid llamaba a la calma, no había porque alterarse, la cosa se solucionaría en poco tiempo, de momento el golpe militar no pasaba de las guarniciones africanas y de algunas zonas del país dominadas de forma permanente por la derecha católica o los propios carlistas.  Casi sin darse cuenta, como un autómata, los pasos le llevaron al Negresco, un bar de esos que sirven para medir como marchan las cosas en el pueblo y en el país. Nada extraño, algún paisano que había empezado a empinar el codo más temprano que de costumbre, y la charla incesante de Luís, el dueño del establecimiento, hombre serio, que tenía un cierto aire de marinero, pero que como casi todos los lugareños, no había visto el mar ni en fotos.  Con poco sosiego apuró un cigarrillo al tiempo que daba pequeños sorbos a un café negro, y bastante aguado, en el diario Hoy, no encontró nada reseñable, noticias de corto alcance, obituarios y anuncios de Dentistas con novedosas técnicas y modernas consultas, de momento no debía cundir el pánico. Decidió acudir al Ayuntamiento, ya debía encontrarse su hermano Rafael allí, además le debían abonar unas facturas del taxi que trataría de cobrar, de poco servía ser hermano del alcalde en tiempos de escasez, se dirigió calle arriba, la Plaza estaba despejada, y el Ayuntamiento comenzaba a estar igual de concurrido que siempre aquel lunes 20 de julio de 1936. Con ánimos renovados entró en el consistorio municipal.

Francisco Ferrón se afeitaba en su casa, había dormido mal, el calor era asfixiante durante el día, y por la noche, aunque refrescaba no permitía el descanso, no era suficiente para aliviar las casas. De todas formas, el calor era lo de menos, por su cabeza rondaban otros pensamientos más preocupantes, el país estaba amenazado por la Guerra, los golpistas habían enseñado su cara verdadera, aquel general gallego de voz de pito, aquel Franco se había quitado la careta, ¡cuídate de los mansos!, pensó. Mientras se quitaba el jabón de la cara y se aseaba encendió su vieja radio y con creciente preocupación pudo comprobar que el golpe se extendía, pero aún no había triunfado en todas partes, la República resistía, tambaleante, pero aún viva, había que armar a los obreros, no había otra posibilidad. Rebuscó entre los papeles de la mesa, y encontró el panfleto que había firmado el día anterior junto con otros compañeros de la agrupación local del PSOE, ahí estaba, se titulaba “Extremeños”, y llamaba a la resistencia armada de los obreros contra los “señoritos fascistas”, así los había llamado el bueno de Timoteo en el texto, poco más que eso se podía hacer por el momento. Aunque no le apetecía nada salir de su casa, eran tiempos para andarse con ojo, más siendo alguien señalado como él, que ya había vulnerado la Ley de Huelgas en el 32, se vistió y se dispuso a marchar hacia el Ayuntamiento, donde trataría de sopesar el asunto del golpe militar con el alcalde, Rafael García Calderón. Sin prisas anduvo el corto camino que le separaba del mismo, departió con unas señoras que sabiendo su cargo como concejal le interrogaron sobre lo que oían en las radios. No será posible señor Ferrón que nos metan en una guerra, o señor Ferrón, dicen que Cáceres se ha sumado a la rebelión, ¿verdad que no va a pasar nada?, con una triste sonrisa tranquilizó a las mujeres y llegó a la Plaza. Trasiego de gentes, entró en el edificio, el alcalde ya esperaba su visita.

Desde la ventana el amanecer le permitía observar una era repleta de aperos de labranza, desperdigados a lo largo y ancho del terreno, también se podían distinguir los campesinos que emprendían su tarea cotidiana, y acarreaban bultos que iban situando cuidadosamente sobre burros y asnos. Pronto se encontrarían en las parcelas del camino de Magacela bregando, y no regresarían al pueblo hasta bien entrada la tarde. Para esas horas ya todo estaría decidido, o triunfaba en sus propósitos o acabaría en una oscura celda. Cogió un vaso y lo relleno de anís, bien cargado, ya había repetido esta operación dos veces más, quería estar animado, pero no sobrepasado, la labor requería cojones, y el calorcito del licor bajando por la garganta ayudaba a conseguirlo. Se abotonó el uniforme con esmero, y se puso unas botas que había limpiado y lustrado a conciencia para la ocasión. Frente al espejo acabó de peinarse y atusarse el pelo, que llevaba un poco más largo que de costumbre, sería del ajetreo de los días previos a ese momento. Miró su rostro con satisfacción, respiró hondo, y se dijo que todo iba a salir bien. Una voz desde el pasillo le sacó de sus pensamientos y respondió con voz seca; ya voy, que esperen un poco, ¡coño! En el patio del cuartel le esperaban veinticinco guardias perfectamente uniformados y armados, que se cuadraron cuando vieron entrar al Capitán Gómez Cantos en la esplanada. La arenga poco tuvo de buena oratoria, fue un conjunto de tacos, juramentos y exaltación patriótica, en la que se juró hacer pagar a los malditos rojos sus desmanes en contra del orden y del país. Tras escupir en el suelo y prender un purillo ya prendido anteriormente, ordenó a los guardias montar en los coches, cinco bastaron. A los pocos minutos los guardias se apostaban en los puntos clave de la Plaza, al tiempo que Gómez Cantos con un grupo armado entraba en el consistorio. El reloj de la Iglesia de la Asunción daba once campanadas en ese momento, y otro grupo de hombres, con camisas azules cercaban el centro de la vida de Villanueva de la Serena.

Esta pequeña recreación corresponde al libro que lleva por nombre “Grupo de Cáceres. Fusilados en Medellín”, que ya publiqué en 2007, y que ahora, corregido y ampliado,  aprovechando su décimo aniversario he  vuelto a publicar. No es una novela, ya me gustaría a mí, es un libro histórico, apoyado principalmente en una causa judicial, la que el franquismo emprendió contra estos hombres, en concreto la Causa 4.251/39, y las actas de Pleno del Semestre del Frente Popular en Villanueva de la Serena. Se narra la historia de mi abuelo, y de sus hermanos, así como la de una treintena de hombres de Villanueva de la Serena, y poblaciones cercanas, que se cruzaron con un monstruo de la guerra Civil, el famoso Gómez Cantos, capitán de la Guardia Civil e insigne depurador en los momentos iniciales de la dictadura. Pues eso, lean mi libro, cómo hacerse con él, pues o me mandan un correo, a la siguiente dirección igssuances@hotmail.com, o bien contactan con la Editorial Círculo Rojo y ahí les informarán. Nada más señores, como siempre buena tarde.



martes, 24 de octubre de 2017

"Apatrullando el acerao"

La tormenta catalana parece no tener fin, y desde hace meses no se habla de otra que de "Puigdemont", del artículo 155 y de la ruptura o no de España. Son tiempos difíciles, de los que no sabemos muy bien como escaparemos. En Extremadura el tiempo se ha detenido, al igual que en otras zonas del país, donde quizás, y en función de los acuerdos bajo cuerda entre el gobierno central y sus socios nacionalistas, volveremos a quedarnos sin oposiciones, y recibiremos cero inversiones de todo tipo. Sin embargo, al menos, se ha convocado una manifestación por un tren digno para Extremadura, que se llevará a cabo el proximo 18 de noviembre en Madrid, y que desde aquí apoyamos de pleno ( sin entrar en polémicas de corte político de las que somos totalmente ajenos). ¡Tren digno ya! y también autovía entre Badajoz y Cáceres, y pago de la Deuda Histórica, y porqué no, electrificación del tendido ferroviario, y subvenciones por mantener Extremadura verde y sin contaminar. Y mil cosas más que dejaremos en el tintero de momento. 
Sin embargo hoy me apetece hablar de un asunto mucho más banal, aunque igual de molesto que alguno de los mencionados más arriba. Hoy quiero tratar sobre los vigilantes de la calle, aquellos que se conjuran contra uno en el momento de buscar un mísero trozo de suelo para depositar el vehículo, o más claro, para aparcar el coche sin perecer en el intento. Como todos ustedes saben, circular por cualquier ciudad más o menos transitada del país, supone un riesgo importante, porque es conocido que subir en un auto transforma a las personas, y el manso se convierte en fiero, el valiente en temerario, y el torpe acaba siendo muy torpe y el listo muy listo, con lo que la cosa se complica, y el nivel de ansiedad se multiplica por diez, un tropezón a pie que se solventa con un "perdón, le he pisado sin querer", en el vehículo equivale a un "me cago en las mil putas que te han parido, so cabrón ahí revientes y te partas los cuernos", por un simple adelantamiento sin poner el intermitente. Pues bien, si la conducción es compleja, el encontrar aparcamiento se torna en un empeño prácticamente imposible, de proporciones dificilmente descriptibles. Cuentan los leídos que cuando uno va a una ciudad grande, donde hay que moverse utilizando distintos medios de transporte, salir a la calle supone comenzar a gastar, y cuidado, en nuestra pequeña ciudad de provincias, pongamos que hablo de Badajoz, el gasto también se está generalizando, y no por los medios de transporte, leanse tranvías, metros o trolebuses, sino que el gasto viene en parte determinado por los vigilantes del acerado, o controladores del asfalto, que se pueden referir de ambas maneras. Así, si tienes la mala suerte de pillar el semáforo en rojo, te asalta una "marabunta" de transeuntes con un cepillo en la mano que te ofecen, en el mejor de los casos, a veces ni eso, sus servicios de rallado elegante de luna delantera, al tiempo que te hacen una explicación gráfica de lo complicado de sus situaciones personales, como si los demás viviésemos en un paraiso terrenal y no tuviésemos ningún tipo de problema, cobrando por arañazo la voluntad, que no baja del eurito por sesión, ecuación esta que  al cabo de los días comienza a requemar por dentro como una babilla acida. Si superas el semáforo y la conducción en la jungla, salvando todo tipo de obstáculos, algunos singulares, como el señor mayor que con garrota en mano te indica a voces que pases, que circules, que el se espera un poco más en medio de  la calle hasta que acabe de generar un accidente, comienza la labor de aproximación al objetivo, el ansiado aparcamiento. Siempre que uno va a aparcar y no encuentra aparcamiento, una de dos, o las dos, o bien te haces pipí, o popó, sino como digo las dos, por lo que el carácter y el nivel de ansiedad van "in crescendo" al tiempo que entre el volante y el asiento se libra una ardua batalla de apretujones de vejiga y ventosidades escapistas que hacen que las ventanillas se bajen hasta solas. Cuando el sudor copa el rostro y la esperanza se esfuma entre tacos y juramentos varios, cuando los acelerones y frenazos se han oido cuatro manzanas más allá del barrio, por fin atisbas un hueco, estrecho, feo, casi entallando el coche, pero te parece el mismo paraiso, en poco rato objetivo conseguido, y justo ahí, aparece un tipo elegante que se airea constantemente la camisa, y te da indicaciones brazo en alto, ¡endereza!, ¡gira! ¡tuerce!, se trata de un vigilante del asfalto, vamos de un gorrilla, el de mi barrio no lleva gorra, pero de cara va sobrado, porque coño, no se puede ser tan buitre y estar todos los días con la camisa aireada y soplano un euro por ver un aparcamiento que tú, que vives en esa zona, no sólo has visto es que casi hasta hueles los huecos entre coche y coche. Si contamos los arañazos, los gorrillas y dos tíos vestidos de negro tirando cosas delante tuya en otro semáforo, aproximadamente has gastado en propinas voluntariosas unos tres pavos, que al cabo del mes pesan para economías se sueldo base.
Si la ley de Murphy libra y te libras de los gorrillas te puedes topar con un personaje todavía más peligroso, aquel que pasa día y noche aparacando el coche en la zona y que generalmente no hace otra cosa al cabo del día, por lo que la batalla está inexorablemente pérdida. En mi barrio este tipo de personaje está representado por un abuelete, lógicamente jubilado, con parcela y con dos autos, un Pandilla y un "todoterreno" de los viejos, el caso es que vengas a la hora que vengas está haciendo guardia para aparacar, está aparcando, ha aparacado o, en algunos casos, y tiene dos coches, reserva sitio para uno de sus hijos, si tiene visita. La capacidad de este hombre no tiene límite, una noche me levante a orinar y al pasar por el salón que da a la calle pude ver que ya había comenzado la patrulla, en plena madrugada, este comportamiento enfermizo debe estar diagnósticado, es una especie de "Diógenes" de los vados, terrible de verdad.
Después de superar estas difíciles pruebas, que ya les advierto no todos los tapacubos soportan, por aquello de los volantazos y los tacos, fase ya explicada, por fin te orillas, intentas recomponer la camisa, ha quedado empapada y arrugada, te quitas el sudor de la frente, prueba superada, las pulsaciones vuelven a bajar de ciento ochenta por minuto, una incipiente torticolis te clavetea el cuello por la tensión, se acabó el coche y la batalla, mañana será otro día. Unos pasos más alante te das cuenta que te están observando, que han dado cuenta de todos tus movimientos, juramentos y palabrotas, observas y ahí arriba está con una sonrisilla de triunfo, el tipo ese del primero que trabaja menos que un "espía sordo", otro tipo nuevo de cotilla, el Alcahuete de Nintendo. Como siempre buena tarde amigos.

sábado, 30 de septiembre de 2017

De referendum, banderas y raíles.

Desde los trágicos sucesos de agosto en donde, de nuevo, fuímos golpeados por el terrorismo, mal llamado, islámico, que regó de sangre las calles de Barcelona y otras poblaciones cercanas, en todos los mentideros del reino patrio se viene hablando de forma constante, abrumadora y cansina de la posibilidad de independencia de Cataluña, a partir de la intenciones del gobierno nacionalista catalán de convocar un referendum y tratar de avalar su idea de romper con España. Pues bien, de eso vamos a hablar esta tarde, a pesar que me he resistido a ello, pues es meterse en "camisa de once varas", porque el asunto es serio, y muy complejo de solventar. Pero hablar de eso, nada más, no tendría más interés que si hablasemos del tinte rubio de Maria José Campanario, por tanto, añadiremos de pasada dos asuntos más que deberán esperar a la lectura del artículo, pues no desvelaré mis intenciones. Veo que me estoy convirtiendo en un maestro del suspense (obviando las pistas que el título ofrece). 
Comencemos pues con el asunto. Me parece un abuso intolerable e inconcebible, que desde hace más de un mes, la noticia del día, sea siempre la misma, es decir, el enfrentamiento entre el nacionalismo catalán y el gobierno nacional sobre el refrendum que está convocado, de forma ilegal, para el 1 de octubre, por el gobierno catalán y sus socios de corporación. Desde luego que es una noticia importante, pero creo que el tratamiento que se está dando al mismo ha sido, es y será, de todo punto insufrible, vamos que la opción para estar libre y guarecido de este acoso es poner telecinco y disfrutar de la revolución que supone un "gran hermano" repetitivo, alelado y con menos gracia que un caldo de habas. Mi opinión sobre el asunto catalán es meridianamente clara, no se puede celebrar el referendum, sencillamente porque no es legal, así no, la ley está para cumplirse. Ahora bien, no podemos negar que las relaciones entre Cataluña y España se tienen que reescribir, hay que sentarse y hablar, y ante todo escuchar, abandonando las posiciones fijas, al menos en la medida de lo posible. Sin embargo, todo esto se debe articular de una forma democrática y dentro de los cauces que marca la Constitución, y con el tiempo, seguramente el Referendum Legal se hará, con la misma normalidad que se ha relaizado en otros lugares como Escocia. 
Hay que saber que todos los territorios tienen peculiaridades propias, así como puntos en común, mi tierra Extremadura goza de muchísimas peculiaridades que nos hacen distintos del resto del conjunto español, sin embargo no existe un ideal nacionalista, ni mucho menos, a pesar de que contamos con una rica tradición histórica, a veces más cercana al resto del conjunto, y en ocasiones más lejana, pero como todos sabemos, aquí nadie se plantea nada al margen de España, a pesar de que la madre patria nos ha abandonado durante siglos, motivando que incuso nuestro rey, Alfonso XIII, entre baile y cabaret, viniese a Extremadura, y se quedase asombrado con la forma de vida de las Hurdes, aunque no hiciese un ápice por mejorar la misma. Sin embargo, a pesar de lo dicho, hay territorios donde ha surgido un sentimiento nacionalista que busca articular su propio estado, al menos eso dicen, porque también sabemos que en ocasiones lo que hay detrás de estas pataletas es la búsqueda de una mejor financiación, es decir que lo que se busca es la "pela". Yo no me opongo a nada de esto, y de verdad, como lo siento, no me siento ofendido porque un ciudadano catalán busque de forma legal y pacífica, articular su propio estado, sinceramente, ni me inmuto, que cada cual haga lo que quiera con su vida, pero ello dista mucho de lo que sucede hoy en Cataluña, donde aquellos que no quieren dejar de ser españoles se sienten presionados por aquellos que enarbolan esteladas y vociferan slogans falsos como aquel que afirma que España les roba. La democracia es para todos, y es siempre, no sólo cuando nos interesa a nivel personal o colectivo. 
Una cosa más para zanjar el asunto de Cataluña y hablar de otra cosa, aunque sea por variar del resto, hay algo que me da arcadas, y es el desarraigo, es decir, que gran parte de los que dirigen el cotarro independista catalán, son nacidos allí, pero sus padres y abuelos proceden de otros territorios, vamos de Extremadura, Andalucia o Murcia, principalemente por ser territorios de migración en los años sesenta. Eso se llama desarraigo, y da pena ver como algunos, con muy pocas dotes intelectuales y menos aún oratorías, aburren al personal con un desprecio y una soberbia que no se muy bien de donde se alimentan, en las sesiones plenarias nacionales o en el circo en que han convertido al "Parlament" catalán. 
A colación del asunto catalán, en el resto del territorio, algunos han comenzado a desplegar banderas españolas en sus balcones y fachadas, hasta el punto que más de uno se habrá pensado que se había adelantado la semana santa, o que otro gol de Iniesta nos hubiera dado el segundo mundial. Nada más lejos de la realidad, se trata de un intento, en mi opinión muy pobre, de mostrar una supuesta españolidad, ante la agresión catalana. Como he mencionado más arriba, la ley actuará, y algunos de los mastuerzos que mal dirigen Cataluña darán con sus huesos en la cárcel, pero sin duda, el sentimiento de los nacionalistas catalanes, no altera lo más minimo mi estado general, vamos que no me merece la pena ni  pensarlo, de tal forma que hacer gala de la españolidad como respuesta a lo que se haga en uno u otro lugar, me parece cuanto menos absurdo. 
En mi corto entender sobre el asunto, creo que nacer en una parte o en otra, no tiene más merito que el que nuestros padres hayan querido o podido estar en dichos lugares, vamos que no hay que hacer una oposición a judicatura y sacar un diez para ser español, basta con que tús padres lo hayan sido antes y te tengan dentro del territorio nacional, lo mismo para un catalán, o incluso para uno de Burundi o Nepal. Como no hay mérito en ello, no entiendo orgullo en ninguna parte, pero bueno puedo respetar estas acciones, en democracia todo vale, mientras se respete la ley y la Libertad prime sobre el atractivo Libertinaje. Por tanto estoy de acuerdo con todos los que ondean banderas españolas, y asumo su españolidad, que pasa por reconocer que tenemos sangre musulmana, por aquello de los ocho siglos que estuvieron en nuestras tierras españolas los omeyas, también hay que saber que antes que católicos fuímos arrianos, como los visigodos, o judíos, que también hubo muchos, hasta el punto que a la rama hebrea española se  le dio un apelativo propio, los "sefardíes". De igual forma debemos reconocer que ser español es ser griego, romano, o tartesico, y que hemos sido muchas veces reino, pero también republicanos, por dos veces, enarbolemos todo eso con la bandera rojigualda, porque todo eso es ser español. Nuestra Hispania, fue Castilla y Aragón, pero también reino Nazarí de Granada, todo ello debe representar la españolidad, junto con el mestizaje en america latina, y las Leyes Nuevas de Indias, al lado justo de la Inquisición, eso es España, también Cataluña, por supuesto, con Euskadi  y su nacionalismo. 
El último tema que me gustaría tocar esta tarde de referendum y españolidad hace referencia a un asunto mucho más importante. En el título hago alusión a lo mencionado hasta ahora y añado la coletilla "raíles", y es que mientras en Cataluña planean la independencia y en el resto del territorio decoran los balcones de sus casas, en Extremadura, nos conformamos con un tren que podría ubicarse en cualquier país no desarrollado del planeta. Cierto señores, dejemos las banderas y las cortinas, en este caso de humo, y peleemos porque España atienda a nuestra región, que es algo más que la despensa del país o lugar de cacerías de señoritingos patrios o ajenos. En Extremadura tenemos tramos de vías que se pusieron durante la Dictadura de Primo de Rivera, es decir que tienen casi cien años, no contamos por otra parte con ni un sólo metro de vía de alta velocidad, que es lo de menos, yo quiero "el ave", pero también un tren que no tarde seis horas en llegar a Madrid. Seguimos meneando banderas y chorradas, mirando de reojo a los demás, pero no somos capaces de levantar la bandera de la dignidad y marchar todos, como Extremeños y reclamar que de una vez por todas se nos tenga en cuenta, más allá de cacerías, berreas o turismo rural,queremos ser tomados en serio, debemos unirnos y luchar el futuro, si no lo hacemos nosotros nadie lo hara, lo del tren es sólo la punta del iceberg, hay mil asuntos más en los que todavía estamos a años luz del resto de la España media, ni que decir tiene que todavía estamos más lejos del nivel de Cataluña, País Vasco o Valencia. Mientras en la televisión anuncian el corredor Mediterráneo a Extremadura le privaron de la alta velocidad, había que compensar el apoyo del nacionalismo catalán a los gobiernos nacionales, en este caso concreto al de Zapatero, pero que más da, en esto son todos iguales, siempre pierde mi tierra. 
Pues nada mañana seguiremos con el espectáculo catalán, y otros pondrán la banderita en el estado del móvil, y Pedro un extremeño que trabaja en Madrid, tendrá que irse un día antes para llegar, porque claro, va en el tren de los abandonados. Buena tarde señores...

miércoles, 30 de agosto de 2017

La receta del líder



Apuntándome a la moda gastronómica que nos persigue, desde hace ya tiempo, he decidido dedicar el artículo de hoy a una tradicional receta culinaria propia del país, más degustada incluso que el gazpacho andaluz, el cocido madrileño, o las fabes asturianas. Me estoy refiriendo a la receta del líder, a la cocción y preparación de un  referente al que adorar y reverenciar  en estos tiempos difíciles por los que atravesamos.
Como toda receta debe contar con una serie de ingredientes y seguir una serie de pasos en su preparación.  Entre los ingredientes necesarios nos encontramos los siguientes:
1) Hay que contar con un público decidido a asumir el nacimiento de un nuevo líder, sobre todo cuando en la mayor parte de las ocasiones nos encontramos con botarates que no ven más allá de su mediocridad. Los partidos políticos cuentan con hinchadas que suelen deglutir bastante bien las ocurrencias del “aparato” de turno.
2)  Por otro lado hay que legitimar  este “surgir” de la nada con  unas sólidas bases, por lo que a menudo si el líder no está casado, se le busca una pareja y se le casa, si no tiene estudios se le facilitan unos títulos, más o menos legales, que traten de justificar que lo que nos están presentando como oro en paño no pasa de hojalata de la mala. No se crean que exagero en mis apreciaciones, la realidad es todavía más hiriente que lo aquí refiero en tono de chanza. No importa la calidad, señores, sino que el elegido/a cumpla con los objetivos de los “sabios”, que suelen coincidir con los de los poderes económicos. Tratarán de hacernos creer que el desconocido que despunta como nuevo dirigente lo hace por la propia fuerza de su liderato, hecho además avalado por una militancia que sabe ver su magnificencia  entre la zafiedad del resto de candidatos, si  es que se mantiene la ilusión de pluralidad democrática.
3) Es de todo punto necesario contar, además,  con unos medios de comunicación que transmitan la fuerza del líder, su bondad, su inteligencia, su altruismo y gran corazón. A nivel nacional o internacional, esta labor es realizada por grandes empresas que actúan como mercenarios secundando y apoyando las iniciativas llevadas a cabo por su patrón, lógicamente  a cobro de talón. En nuestros días y a escala menor, en los Ayuntamientos o Diputaciones, suele haber un equipo de trabajadores (del partido del jefe) que en las denominadas “redes sociales” se encargan mañana, tarde y noche de defender todas y cada una de las acciones del amo, que generalmente no suele atender estos canales dejando dichas labores a los subalternos.
En la misma línea,  y como forma de propaganda,  también suele existir un panfleto mensual que se encarga de poner al día a los sufridos lugareños de las últimas inauguraciones que se han realizado en la localidad. En dicho documento no hay página en la que no aparezca el líder, sus acólitos y mucha gente de relleno, porque hay que rodearse del vulgo, si son ancianos o niños, mejor que mejor.
4) El último ingrediente lo conforma la sociedad, los votantes, porque hay que saber que gran parte de estos idiotas con ínfulas de poder llegan a los gobiernos e instituciones por nuestros votos, o por nuestra incapacidad para hacer ver a los que apoyan esta basura que dejen de hacerlo. Es muy complicado convencer a la gente, cada persona tiene una enculturación distinta, una educación y una cultura diferentes, y en muchos casos estos últimos elementos brillan por su ausencia, lo que se traduce en animales sin formación como presidentes de grandes potencias, caso de Trump, memos rodeados de corrupción que no respetan al pueblo haciendo ruedas de prensa por medio de televisiones de plasma, como Rajoy, o mentecatos alelados que no han leído un libro en su vida, en muchas de las alcaldías de nuestra “piel de toro”  patria. Ante este desolador panorama no es de extrañar que el expresidente Obama vaya a dedicar su tiempo en preparar a los líderes del futuro, precisamente para eso mismo para que siga habiendo posibilidad de futuro.
Con los ingredientes en la mesa se lleva a cabo la receta, que comienza con la elección y aprobación de un tonto útil, aunque cuidado con la selección del tonto, puede que este no sea tan tonto como se espera  y se rebele, luego es terrible la situación que se abre,  puesto que habría que desmitificar lo mitificado y desencumbrar lo encumbrado, quedando la cosa un tanto menos creíble. Una vez elegido el tonto se le legitima, se le casa, se le pone un traje de los domingos, unas alzas si es bajito, y se le pasea como si de un dios en vida se tratase. Convertido en “honoris causa” el lumbreras hace paseíllo por plazas, calles, saraos o “eventos”, al objeto de vender el producto, mejor un año antes de la campaña para que vaya rodadito. El líder no va sólo, lleva un nutrido grupo de "discípulos trepadores" que se limitan a corear las consignas dadas. Si con ayuda de los medios de comunicación comprados o propios se consigue llegar al poder gracias al apoyo del pueblo,  ya tenemos el plato en la mesa, un líder de bajos vuelos, que puede incluso ser prescindible en un momento dado, pero que como digo, cuidado de pasarnos con la sal, porque a veces pueden resultar estomagantes y muy difíciles de anular. Esta receta suele venir acompañada de una sobremesa plagada de nepotismo y redes clientelares, donde ayuntamientos y diputaciones se convierten en las principales empresas del lugar o en cementerios de elefantes donde cobijar tanto esfuerzo en pro de los demás. Todo ello regado con unas buenas dosis de incompetencia, chabacanería e idiotez supina, donde los secuaces del líder se convierten en raptores de la libertad y de la democracia del pueblo.
Nada más señores, el verano se va apagando, y las piscinas están cada vez más vacías, ya mismo toca trabajar otra vez, y de nuevo las noticias hablarán de la receta del líder. La mesa está lista, bon appétite.

jueves, 17 de agosto de 2017

Londres Victoriano

Las vacaciones estivales caminan inexorablemente hacia su final, y por mucho que uno se empeña en frenar el paso de los días estos avanzan sin remisión, el ocaso del verano está, cada vez, más cerca. A pesar de esta realidad, mi predisposición laboral e intelectual sigue siendo la misma que a finales de junio, es decir la de un hombre ocioso, dispuesto a no cambiar de estado hasta que no quede más remedio. Pues bien, el caso es que hace no mucho, me pidieron que hablase sobre mi "libro favorito" al objeto de colaborar con la revista del Instituto, cosa que me congratula y agradezco de antemano al bueno de Antonio Julio, afanado coordinador de la biblioteca escolar. En primera instancia acepté de buen grado el encargo pero cuando me senté a escribir me di cuenta de la complicado que es elegir un libro entre libros, tarea imposible, por lo que me dije, porque no hablar de una temática mejor, cosa que hice, y que les ofrezco aquí, de forma literal y a falta de inspiración, disculpen el acople y disfruten de la lectura.

El cuerpo de Mary Anne  Nichols  “Polly” Nichols yace sin vida en un oscuro callejón  de Whitechapel, acaba de morir asesinada, un reguero de sangre cubre su cintura y alcanza el suelo, ha sido acuchillada en el cuello y en el abdomen. Al otro lado de la ciudad, en un lujoso despacho del Soho, el señor Utterson vuelve a leer el testamento de su amigo el Doctor Jekyll, en el cual informa que en caso de sucederle algo toda su fortuna y propiedades pasaran a manos de un huraño y desconocido Míster Hyde. Las campanadas del Big Ben anuncian las cuatro de la madrugada, es una noche bastante clara de finales de verano, la luna brilla con fuerza, y en su centro se confunde la silueta de un enorme murciélago en dirección a la abadía de Carfax. No lo puedo negar, el Londres victoriano me encanta, los suelos húmedos donde resuenan los pasos de alguien que acecha en la oscuridad, la niebla que camufla los rostros y esconde las intenciones, el famoso East End, donde se puede comprar todo, los carruajes y los elegantes caballeros que se reúnen en logias masónicas, el palacio de Buckingham donde se alza impertérrita la reina Victoria I estandarte del poderoso imperio Británico. Cuando me pidieron que escribiera sobre mi libro favorito pensé, imposible, no sabría cual elegir, pero después me dije a mi mismo, elegir un libro es muy difícil, pero una temática, un ambiente facilita las cosas, por ello me decidí por el Londres victoriano, si, ese Londres de finales del XIX, sucio e industrial, pujante y decadente al tiempo. Con el ambiente elegido los libros llegaron por si solos, por un lado una novela gráfica magistral de Alan Moore, “From Hell” que recrea la versión oficial sobre los asesinatos perpetrados por Jack “el destripador”, el famoso asesino en serie que atemorizó a la hipócrita sociedad londinense decimonónica. En forma de cómic novelado Moore analiza todas las circunstancias que rodean los asesinatos de Whitechapel e involucra a la propia casa real en la realización de los mismos. Entre nieblas, clubes de alta sociedad e investigaciones de Scotland Yard, podemos mencionar una novela de Robert Louis Stevenson, donde se narran las peripecias del angustiado Doctor Jekyll y su alter ego Míster Hyde, poniendo en evidencia el maquillaje que supone la vida social que tan sólo enmascara el animal que todos llevamos dentro. Mi última propuesta sigue el curso del Támesis y se adentra en la Abadía de Carfax, lugar donde Bram Stoker  fijó la residencia del conde Drácula en pleno Londres, y que sirvió de marco al penúltimo combate entre el bien y el mal, antes que la liza final se trasladase a los Cárpatos. Pues bien esta es mi recomendación, abríguense y cojan el paraguas, en Londres suele llover, paseen por sus calles, mézclense con sus moradores, tomen una pinta en el Ten Bells, o acudan al 221 b de Baker Street,  y disfruten del té que a las cinco sirve la Sra. Hudson en compañía de un famoso investigador que hace prodigios con su mente…
Pues esa era mi propuesta, y lo sigue siendo a día de hoy, qué les parece, si no conocen estas obras les invito a caminar entre la neblina, las capas y los sombreros de copa londinenses y a perderse en el famoso y oscuro Londres Victoriano.