Sin pretenderlo me ha salido un artículo sobre uno de los temas más candentes de la actualidad, que sin embargo, tienen relación con comportamientos muy antiguos y que pensábamos superados, pero que podemos constatar siguen más vigentes que nunca. Digo que me ha salido un artículo sin buscarlo porque ayer intenté escribir una breve entrada en la que me indignaba como la gente transmite mensajes, de todo tipo, consignas, eslogans, canciones, viñetas, de corte xenófobo o claramente racista. Por ello escribí unas ideas sobre el asunto, y parece ser que la musa me encontró esta mañana y me ha dado para algo un poco más elaborado.
El título que le he puesto "la frontera" procede de la frase atribuída a Anna Arendt y que dice "La esencia del totalitarismo no es que se cometan crímenes, sino que se borra la distinción entre la verdad y la mentira", y de eso quería hablar un poco aquí, de esa línea sutil que separa la verdad de la manipulación, la realidad del relato interesado, lo que sucedió y lo que quiero que sepa de ese suceso. Imagino, o mejor, quiero creer, que lo que sucede en nuestros días al respecto, es un problema de desconocimiento, al menos en algunos casos, porque lo contrario querría decir que somos racistas, excluyentes, xenófobos y bastante bobos. Vayamos al asunto, y ustedes, después, valoren según sus propias reflexiones.
Mientras no valoremos la educación en su justa y necesaria medida tendremos trabajadores y jóvenes informándose en las redes, atrapando mensajes simplistas pero muy efectivos, llenos de bulos, y que orientan sus frustraciones vitales hacia enemigos falsos pero siempre pertenecientes a colectivos vulnerables y minoritarios, que no saben o pueden defenderse. La educación es fundamental para adquirir el conocimiento necesario que nos permita comprender nuestra realidad sin filtros y mentiras. Nos encontramos con una cantidad de personas que se acercan a la información a partir de la visualización de videos de tik tok y bazofias similares, manipulados y llenos de intereses sesgados. No hemos nacido aquí por nuestros propios méritos, no somos dueños del planeta, no podemos evitar que los otros no se quieran morir de hambre, no somos ni más ni menos que nadie. Ahora bien, sí tenemos que ser responsables y saber de dónde nos estamos informando y comprobar la veracidad de esa fuente, y después, plantearnos si tenemos capacidad para hacer las elucubraciones que hacemos o no. El único pasaporte que necesitaríamos, en un mundo justo, los terrícolas para caminar por nuestro planeta Tierra debería ser, únicamente, nuestras piernas. Ya lo decía Galeano, nuestra comida preferida es italiana, nuestra música afroamericana, nuestro coche japonés, nuestra televisión coreana, nuestra ropa china, nuestra cultura griega, nuestro Dios palestino, pero cuidado, primero, nosotros, los españoles. En España sí, dirán, pero hay que saber que es España, y eso no es tan sencillo, somos un crisol de civilizaciones, lenguas, tradiciones y sentimientos. Una de las pocas cosas buenas que tiene el capitalismo es su concepto de globalidad, pues bien, apliquemos ese pensamiento global para querernos y respetarnos más allá de las meras transacciones económicas.
Detrás de esta gran manipulación están los intereses de los partidos políticos conservadores que buscan acceder al poder a toda costa, financiando grupos mediáticos que no informan, sino que distorsionan, pseudo periodistas que actúan como agitadores, utilizando el miedo como forma de trabajo, y que, en muchas ocasiones, se hacen acompañar de auténticos paramilitares, es decir, escuadristas al estilo de los que usaron los fascismos europeos en los años veinte y treinta. En un mundo de gente con pocos resortes culturales, que no leen, que no tienen intereses formativos, que su único medio de conocimiento son esas redes sociales en manos de todos aquellos que promueven este odio, todo ello se convierte en un caldo de cultivo muy peligroso, y con una trascendencia que da verdadero pavor si se sabe leer un poco en qué puede deparar todo esto.
El otro día, pensando en estos asuntos, recordé el enfrentamiento dialéctico que tenían Guerra y Suárez, el primero en la oposición y el segundo como presidente del gobierno, una batalla de posiciones ideológicas distintas, en ocasiones, antagónicas, muy duras, pero con altura y eso que los clásicos denominaban "decoro", es decir respeto a la tradición, al lugar y a las personas a las que se representa. No quiero mencionar el nivel de los discursos del añorado Julio Anguita, o el maestro de la oratoria Emilio Castelar, en los tiempos de la denostada Primera República. Frente a esto, y como muestra de la chabacanería que nos envuelve y devora, algunos líderes actuales insultan de forma descarada al presidente del gobierno, con improperio graves y escatológicos, que son además coreados por el público que asiste a esos mítines convertidos en templos del mal gusto.
Esto ya la hemos visto antes en la historia, y sepan ustedes que acabo muy mal el asunto. Necesitamos coherencia, respeto, tolerancia, responsabilidad y volver a dar sentido a la educación, tenemos que volver a situar los valores, la ética, y la formación como mascarón de proa de nuestra sociedad, si no vamos muy mal.
Hasta aquí llegan mis observaciones sobre estos empeños que jalonan el día a día, y que como ven, tocan distintos prismas de la misma realidad, la caída del nivel de nuestra sociedad por la perdida de calidad de nuestra educación.
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