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domingo, 8 de marzo de 2020

Caer en gracia....


Más vale caer en gracia que ser gracioso…
Comienzo este artículo recurriendo al refranero castellano, sabio y prolífico en toda su extensión, y lo hago para referirme a la política que mantienen las instituciones educativas, en cuanto a la distribución de alumnos por centros. Pues eso, en este asunto, como en el resto, es mucho más conveniente caer en gracia, y contar con el apoyo de las mentes pensantes, que ser gracioso, o agraciado, el caso es que en  nuestra ciudad, Badajoz, la política de elección de centros, permitida y auspiciada por la Consejería de Educación, cara al curso 2020-2021, genera, por un lado,  institutos masificados, con treinta alumnos por aula, y por otro lado, institutos que apenas tienen demanda, a pesar del esfuerzo que se hace, por parte de equipos directivos, docentes, trabajadores, y los propios alumnos de estos centros, que sienten abandono por parte del sistema.
Acabo de asistir a unas jornadas de formación para profesores, en las que se nos mostraban distintos recursos a los docentes, cara a la mejora de nuestras aptitudes en la enseñanza, en este caso de las Ciencias Sociales. Fueron unas jornadas estupendas, de convivencia, trabajo y compañerismo, en las que pude observar que la enseñanza ha superado la fase de la clase magistral, y nos movemos dentro de una serie de parámetros nuevos, en las que el docente ayuda a generar espacios de trabajo colaborativo, metodologías activas y entornos de aprendizaje basado en proyectos. Las experiencias que nos mostraron los compañeros fueron impagables, que cantidad de cosas se están haciendo en los institutos extremeños, y que buenos profesionales tenemos educando a nuestros hijos. Ahora bien, y enlazo con el asunto anterior, con la actual distribución de alumnos por centro en Badajoz, hay muchos institutos que no pueden poner en práctica esta educación inclusiva, puesto que es imposible hacer metodologías activas con más de treinta alumnos en un aula.
En una noticia reciente aparecida en los medios, he podido comprobar que, hay institutos en Badajoz, que solicitan más alumnos, estando más que colapsados, y lo peor de todo, la Consejería de Educación, que promueve la inclusión, el trato personalizado, las metodologías activas, y el trabajo por proyectos, lo permite. En el otro lado de la situación, nos encontramos con institutos, como el San José, que no cubren ni de lejos con las plazas que tienen disponibles, y que se ven abocados a convertirse en un “cajón de sastre” nutrido, en buena medida, por todos aquellos alumnos que no tienen cabida en otros institutos de la localidad. La Junta de Extremadura, aplica aquí, aunque no lo reconozca, la política de gueto, que como es de sobra conocido, no ha funcionado en aquellos sitios en donde se ha implantado.
En mi modesto entender, creo que lo más ecuánime, para alguien que esté a favor de una política educativa justa, equitativa, integradora y moderna, sería repartir los alumnos entre los distintos centros educativos, impidiendo que se generen centros masificados por un lado, y por otro, centros casi desiertos o abandonados. Este asunto, no se puede solucionar sin la ayuda de la administración, que es quien debe mojarse, e intervenir, evitando esta doble situación. Un buen criterio electivo sería la cercanía al domicilio, es decir, favorecer que se dividan los alumnos en función de la cercanía al centro. Y aquí, hablo de alumnos/as, normales, adolescentes, que buscan labrarse un futuro, como hicimos nosotros en su día.
Otro asunto que no quisiera dejar de mencionar aquí, hace referencia a los institutos concertados, que por cierto, son más que numerosos en  nuestra ciudad, bueno en toda España. Esta administración educativa que se viste de verde en las manifestaciones en pro de la educación pública, permite que institutos como el San José se mueran de inanición (y me refiero a la educación secundaria, puesto que este problema no afecta a la formación profesional que se imparte en el centro, reconocida y admirable) al tiempo que consiente y favorece, por inacción, la existencia de institutos privados pagados con dinero público, lo cual me parece, como poco repugnante. La defensa de la educación pública va más allá de los slogans y de las camisetas verdes, se inspira principalmente en la Igualdad, sin la cual es imposible siquiera, la Libertad, hasta la de centro educativo. Muchas gracias, un profesor.

miércoles, 5 de febrero de 2020

El hecho diferencial.

Después de bastante tiempo vuelvo a la carga, tratando de aportar mi punto de vista sobre la realidad que nos rodea. Mi ausencia ha sido motivada, tan sólo, por pereza, no puedo decir otra cosa, mi vida es muy tranquila, quizás demasiado. El título me ha venido sólo a la cabeza cuando maduraba la idea de este artículo, pensando en los rasgos propios que tiene mi tierra, Extremadura. 
Cuando uno piensa en el "hecho diferencial" le vienen a la cabeza las mal denominadas nacionalidades históricas, como si otros lugares como Granada, Valladolid, Córdoba, Mérida, Cádiz o Atapuerca, no tuvieran  historia. En todo el territorio nacional, de punta a punta, nos encontramos hechos diferenciales, peculiaridades propias de la rica historia que tenemos en nuestro país. No voy a referir aquí tan extenso asunto, pero si quiero mencionar algunos elementos que permitirían construir un relato nacionalista, o si hubiese posibilidades económicas, incluso separatistas en nuestra Extremadura. 
Elemento básico en todo nacionalismo es la existencia de una lengua propia, hecho este, que se observa en la región. No es muy conocido, pero en Extremadura hay una lengua propia, el llamado "Extremeñu", variedad lingüística que tiene su origen en la reconquista cuando los leoneses avanzaban hacia el sur , y que en algunos casos ha sido relacionada con el astur-leonés, sin embargo desde enero del año presente, 2020, es considerada por el Consejo de Europa como Lengua Minoritaria o Regional. El problema que tenemos en Extremadura es que no valoramos las riquezas culturales, históricas y naturales que poseemos. 
Otro asunto indispensable para conformar una idea "nacional" se encuentra en desarrollar una historia propia, con algún elemento diferente al resto. En este aspecto, como  he dicho más arriba, se repite en toda la "piel de toro", puesto que hemos sido lugar de llegada y partida de numerosos pueblos y civilizaciones. En Extremadura también tenemos "fueros", como el denominado fuero de Baylío, que afecta a diversas poblaciones de Badajoz, en torno a la localidad de Jerez de los Caballeros, último enclave en manos de los poderosos Templarios en la península. Su origen es medieval, y se vincula al rey  castellano Fernando III o al portugués Sancho I. Sus rasgos principales afectan al régimen económico de los matrimonios, cuestión que no vamos a abordar aquí. Pero no sólo tenemos fueros en Jerez, son importantes los fueros de Cáceres, concedidos por Alfonso IX de León al reconquistar la plaza en el siglo XIII, o los de Coria, por las mismas fechas y el mismo rey. Observamos una rica historia, con peculiaridades y diferencias propias, que de momento no han hecho prender la llama del nacionalismo, será que este viene de la mano de una burguesía enriquecida en el siglo XIX, cuando nuestra tierra era pobre y estaba en manos de caciques absentistas. 
Mientras que en otros lugares la construcción nacionalista inventaba tradiciones y forzaba la historia, en Extremadura se tejían de forma natural, y probablemente por el aislamiento, costumbres propias y ricas que jalonan todo el territorio y florecen con especial fuerza en la mágica zona norte de la región, donde la naturaleza es privilegiada, y las leyendas se funden con la realidad en una perfecta simbiosis. La comarca de las Hurdes fue objeto de visita y atención por viajeros ilustres, en 1913 estuvo por allí Miguel de Unamuno, atraído por la pobreza que se decía de la bonita comarca, más adelante, en 1922, el visitante fue Alfonso XIII, acompañado por el Doctor Marañón, que le había advertido de la mala situación del lugar. Finalmente y como puntilla a la "leyenda negra" de la comarca el documental de Buñuel, "Tierra sin pan", en buena medida teatralizado, supuso un punto de inflexión. Nadie hizo nada, hubo que esperar al desarrollismo franquista o mejor, a la propia democracia, para que las cosas empezasen a cambiar. Hoy, podemos decir que es una de las zonas más bonitas y peculiares de toda España. 
Con todo lo anterior podemos desarrollar una idea nacional propia, y si queremos podemos empezar a reclamar dinero para nuestro hecho diferencial, pero resulta que aquí no existe este sentimiento. Somos una región pobre, a pesar de  nuestra riqueza natural, también somos muy poco reivindicativos, es cierto, y lo uno junto  a lo otro hace que seamos ignorados en el marco estatal. En Extremadura hemos entendido que son más los elementos que nos unen que aquellos que nos separan, y el sentimiento nacionalista no surge, aún no nos ha dado por hacer negocio con elementos propios pero semejantes a otros que se encuentran en toda España. 
En otra ocasión podemos hablar de la deuda histórica, o de los grandes  personajes que ha dado nuestra tierra, o de Mérida, la ciudad más importante de la Hispania romana, o puede que hablemos de un camino con mil años más que el de Santiago, y que se denominó vía Albalata, o de la Alcazaba más grande de Europa, situada en la capital del otrora poderoso reino Aftasí de Badajoz. Somos una gran región, con nuestros rasgos propios, al igual que el resto, y  tenemos la  suerte de formar parte de un gran país, España, pero que más da eso, si al final de todo, TODOS, somos Terrícolas. Buena noche amigos. 

domingo, 24 de noviembre de 2019

Una gran biblioteca.

Había estado departiendo hasta altas horas de la madrugada con su anfitrión. Después de despedirse, había intentado dormir, pero no encontraba la postura, a pesar de tener un lecho bien mullido y cómodo. Prefirió tomar el aire asomándose por una de las grandes ventanas de su aposento. El aire que entró de la fría madrugada refrescó su rostro y abrió la puerta de la habitación dando paso a una estancia mayor, repleta de libros, no lo podía creer, estaba de suerte en aquel lejano país de la Europa Oriental. Amante de la lectura y sin nadie con quien hablar, salvo con su cliente, el extraño aristócrata interesado en las posibilidades inmobiliarias de su amado Londres, aquella gran biblioteca se abría paso como un oasis para los que atravesaban el desierto a lomos de un camello. Allí podría pasar el tiempo leyendo algún ejemplar de entre los cientos que se alineaban en largas y ordenadas filas agrupadas por temáticas. La mayoría de los mismos se hallaban escritos en algún dialecto de la región valaca, probablemente mezcla de la lengua de los dacios, los aportes romanos, y raíces eslavas. Se frustró, después de la alegría inicial, dado que no entendía nada de lo que decían aquellos libros, a pesar de distinguir algún que otro título, como "El Quijote", lo supo por la representación que en la portada se hacía del caballero español y su escudero, o del Malleus Maleficarum, el martillo de brujas, por estar en latín, tanto el título, como la propia obra. 
Del súbito interés inicial había pasado a la frustración, pero sin perder el ánimo decidió seguir  buscando algún ejemplar en la lengua del imperio, para poder leer, y así matar el tiempo, que pasaba muy lento, desde que hacía ya dos semanas había arribado a un castillo oscuro y perdido en el lugar más recóndito de Europa. Ensimismado tropezó con un gran sillón de terciopelo rojo y acabados de madera bañada en oro, seguramente del conde, que se encontraba junto a una enorme mesa de trabajo. En la misma pudo encontrar un plano de Londres, bastante actual, en el había algunas "x" marcadas en distintos lugares de la capital inglesa, por ejemplo Essex o Carfax, lugares sin aparente conexión, pero de interés por lo que se podía observar para su insigne cliente. Debería interrogar al conde sobre aquel mapa en otra ocasión. En otro rincón de la mesa, había apiladas lo que parecían ser cartas marítimas del mediterráneo occidental, y distintos documentos que informaban sobre barcos que recorrían el trayecto desde el mar Negro hasta la propia Gran Bretaña. Aquello era muy extraño, aquel hombre parecía que llevaba siglos sin salir de su adorada tierra, como él la llamaba, y sin embargo todo indicaba que se estaba planteando un cambio de aires. Había gran información sobre rutas, puertos, vientos y corrientes, algo extraño, puesto que lo único que se necesitaba para surcar los mares, era comprar un pasaje y subirse al navío. Hombre extraño este Vlad. 
Se levantó pensativo, y caminó por la estancia, pudo encontrar una estantería con libros escritos en inglés, con clásicos de Shakespeare o Marlow, pero también gramáticas y léxicos para todo tipo de situaciones en la adorada Inglaterra. Estaba claro que el conde pretendía pasar un tiempo prolongado en Londres, qué había de malo en ello, era cierto que se estaba obsesionando, y que tenía una incipiente sensación de asfixia, parecía estar preso entre cuatro paredes, muy lujosas, pero paredes al fin y al cabo. La verdad que no había tenido ningún encontronazo con el conde, y que el trato del mismo había sido exquisito, tan sólo le había pedido que no saliese de sus aposentos, por ser el castillo viejo y estar casi en ruinas, algo comprensible, pero dos semanas en el mismo sitio, era agobiante. Encendió un cigarrillo y volvió a asomarse a la ventana, de nuevo el fresco de la noche, y un terrible lamento, el aullido de un lobo, que no muy lejos de allí anunciaba que aquel era su dominio, respiró profundamente, inhaló el aire frío, dio una última calada al pitillo, y arrojó la colilla por la ventana. Antes de cerrar observó como la pavesa del cigarro atravesaba la oscura noche dejando entrever el aleteo torpe de un enorme murciélago que se dirigía a una almena del castillo. Lo salvaje primaba en aquellas tierras pensó,  mientras regresaba a la estancia.
Seguidamente volvió a su aposento y se reclinó en la cama, rebuscó en el bolsillo interior de su chaqueta y sacó la foto de su prometida, sus cálidos rasgos le devolvieron algo de brío, sólo serán unos días y regresaré al hogar, se dijo, además tenía que ganarse el favor de sus superiores ahora que sus antecesor, el señor Renfield había pedido la baja por agotamiento. Que bella era su amada, era un hombre afortunado, sólo unos días más. Antes de disponerse a dormir, se mesuró la barba, hacía varios días que no se afeitaba, se percató que no había espejos en la habitación, bueno, mañana se afeitaría, para ello tenía un pequeño espejo en el equipaje. Poco a poco, Jonathan, que así se llamaba, fue cogiendo el sueño, era ya muy tarde, de fondo se volvían a escuchar los aullidos de los lobos, susurros y aleteos, cuan rara era aquella parte del mundo, pensó justo antes de dormirse. 

miércoles, 25 de septiembre de 2019

La nueva Sodoma


Anochecía cuando el carruaje atravesaba la puerta principal de Florencia, hacía varios días que habían salido con premura de Roma, y no se habían detenido más de lo necesario. Su presencia en la pujante república florentina era de todo punto necesaria para tratar de reconducir una situación que,  francamente,  tenía muy mala pinta. El carruaje se dirigió lo más rápido que pudo a un viejo palacio situado en las afueras de la ciudad; no había tiempo para protocolos, su visita no era por placer, sino para tratar de evitar un cisma en el seno de la Santa Iglesia de Roma. En los últimos años el imperio español había crecido de forma considerable con la incorporación de las Indias, la presencia española en las nuevas tierras  se justificaba bajo un mandato evangelizador. Ahora más que nunca, la Iglesia debía permanecer unida. Sin embargo, el Sumo Pontífice, Alejandro VI, no era el más adecuado para mantener esa uniformidad, su papado era muestra  de corrupción y simonía, un vivo ejemplo de los pecados capitales. Era necesario mantener la unidad cristiana y, por otro lado, que las regiones italianas estuviesen bajo control español, hechos ineludibles para mantener a Francia en un aislamiento que favorecía a los intereses hispánicos.  Estaba ensimismado en sus pensamientos cuando tocaron a la puerta de su aposento. Tras la misma se escuchó una voz cansada, pero firme aún, la de Fray Antonio de Sarmiento, un anciano franciscano español, residente en Florencia desde tiempos de Cosme “el viejo”.
−Es la hora señor, no hay tiempo que perder. –profirió la voz del anciano.
−Enseguida salgo, estoy acabando de vestirme, aguardad un instante. –respondió el huésped.
Al momento se abrió la puerta y salió un caballero de mediana edad, impecable en sus maneras y en su vestir, como no podía ser de otra forma para quien ejercía el cargo de embajador de los Reyes Católicos ante la Santa Sede, su nombre García Laso de la Vega, comendador mayor de León e insigne capitán de los Tercios castellanos.
−Encantado de saludarle Fray Antonio, las referencias que tengo sobre usted, y las mismas vienen desde las altas esferas, son impecables. Sin embargo, entienda lo delicado de la misión y que no tengamos tiempo  para otros menesteres que  los vinculados al monje visionario. ¿Cómo están las cosas, ahora que su Santidad ha excomulgado al incendiario fraile?
−Verá, joven amigo, las cosas están peor que nunca. Compañías de jóvenes huérfanos recorren la ciudad  incautando todos los objetos banales, es decir,  aquellos que no tienen relación con la religión, y los llevan a la Plaza de la Señoría, donde irremediablemente arden en la llamada hoguera de las vanidades. Una pena, hasta el joven Sandro, ha quemado algunos de sus cuadros.
− ¡Qué barbaridad! ¿Botticelli?, también se ha dejado embaucar por el artificio y las peroratas de ese monje loco.
−Cuidado, es peligroso hablar así, incluso a buen recaudo como estamos. Savonarola tiene una legión de seguidores. Además, es cierto que sus sermones son febriles y angustiosos, pero sin duda, su oratoria es eficaz, al tiempo que predica con el ejemplo, su cuerpo es delgado, por los ayunos, y siempre porta cilicios y otros objetos con los que mortifica sus pecadoras carnes.  Es un fanático, que quizás en otro tiempo hubiese sido un Santo…, y no malinterprete mis palabras, todos sabemos que Roma es la mismísima Sodoma.
−Me temo que Girolamo no ha cedido en sus soflamas, incluso, usted, y conozco su fidelidad, casi  se ve imbuido de  las mismas.
−No me malinterprete, le digo, pero nuestro Alejandro Borja, está muy alejado del camino de Santidad que se le supone al vicario de Cristo en la Tierra.
−En fin, no demoremos más el objeto de nuestra misión, quiero ver en persona la famosa hoguera de las vanidades, y al visionario monje de Ferrara.
No quedaba mucho para la medianoche y la Plaza de la Señoría estaba abarrotada de gente, cientos de fieles de la nueva fe predicada por el monje excomulgado, de todas las edades, y de todas las condiciones sociales, se arremolinaban en torno a la misma, no querían perderse el espectáculo. En el centro de la plaza una enorme pira iluminaba la noche florentina, a su lado un grupo profuso de jóvenes, pulcramente vestidos de blanco iban depositando objetos, que arderían en breve, había espejos, cuadros, maquillaje y pelucas, y como no, libros, muchos libros, parece ser que todo aquello que no estuviese relacionado con la Biblia no tenía cabida en la teocracia florentina dirigida por Savonarola. Las Compañías Blancas, que así se llamaban aquellos jóvenes huérfanos, seguían afanados en su tarea, e incluso de cuando en cuando, mostraban al enfervorecido público algún libro que iba a arder. Desde donde estaban, García Laso de la Vega, y su anciano acompañante, Fray Antonio de Sarmiento, pudieron ver como seleccionaban varios ejemplares de la Divina Comedia de Dante, así como la Metamorfosis de Ovidio, y algún que otro libro de la antigua Grecia, como la Ilíada de Homero. Era un éxtasis que iba in crescendo esperando su momento álgido.
El gentío empezó a agitarse, comenzaron a vitorear consignas aprendidas de otras ocasiones, incluso algunos gritaron el viejo lema dulcinista ¡Penitenciagite!, hagamos penitencia.  Todo parecía indicar la llegada de Fray Girolamo a la plaza. Con paso quedo la comitiva, que incluía a un nutrido grupo de monjes del Convento de San Marcos, y que iba encabezada por el propio Savonarola, secundado por sus dos más fieles discípulos, Fray Doménico de Pescia, y Fra Silvestro, ascendió al estrado acomodándose en la bancada que presidia la plaza, justo en frente de la hoguera.  Sin más preámbulos, el monje comenzó a orar, el silencio se hizo en todo el recinto, de vez en cuando, paraba y observaba a los presentes, parecía que buscaba ver el efecto de sus acciones en los mismos. El tono comenzaba a subir, ya no rezaba, ahora refería sus enigmáticas visiones, que incluían la presencia de un nuevo Ciro, quien cambiaría el sentido de la Historia. Del susurro pasó al grito encolerizado cuando centró el objeto de sus palabras en la Santa Sede.
            − “(…) has contaminado con tú pecadora presencia los Santos Lugares, has convertido Roma en un vil lupanar, eres la encarnación del demonio. No me retracto de nada, Alejandro, tú eres quien arderás en el fuego del averno, y contigo esa panda de monjes lujuriosos, contaminados por la gula y la avaricia. Eres soberbio, y la simonía es la marca de tus acciones. La nueva Sodoma en Roma (…)”
En aquel momento, ante la mención de la ciudad bíblica, García Laso de la Vega, no pudo evitar mirar a los ojos de Fray Antonio, quien apurado evitó la acusadora mirada del diplomático, y siguió atento a las palabras del enfervorecido orador.
            − “(…) no quieres holocausto (…) edifica los muros de Jerusalén (…) Señor, abre mis labios”.
Entre grito y grito, caía exhausto el monje sobre sus rodillas. Se quedaba sin fuerzas, al tiempo que dichos bríos eran recibidos con tremendo entusiasmo por sus seguidores, que animaban al religioso profiriendo gritos e insultos en contra de Roma y del propio Papa, aquello era inadmisible, pensó el embajador, habría que intentar un imposible, ahora entendía la preocupación de la reina Isabel, cuando le encomendó la misión de viajar a Florencia e interceder por el Papa español, no era una misión menor, ni mucho menos.
            − “(…) enmudezcan los labios mentirosos. Sí, Alejandro, enmudezcan tus labios mentirosos y perezosos. No me rendiré, desde aquí te reto, nuevo Satanás, que ardan las Vanidades.
En ese preciso instante los objetos fueron lanzados a la hoguera, que rápidamente iluminó con fuerza redentora a los allí presentes. Por un instante, la luz también iluminó el rostro del santón, estaba sudando, parecía enfermizo, pero sus ojos mostraban una voluntad a prueba de bulas papales. No, Savonarola no se iba a detener, la ruptura de la unidad de la Iglesia estaba en camino. Más tarde, de madrugada, incapaz de dormir, García Laso de la Vega, reflexionaba sobre lo acontecido, y sobre lo que aún restaba de su misión, la parte más importante de la misma. Al alba partiría al Convento de San Marcos, allí tendría una entrevista con Savonarola, sinceramente, debía reconocer que ese hombre delgado, de nariz aguileña, le daba miedo.
De camino a Roma, García Laso de la Vega rememoraba en su cabeza el encuentro con el monje de Ferrara. Aquella misma mañana acudió bien temprano al convento del dominico. Nada más llegar fue llevado a la celda de Fray Girolamo de Savonarola. La estancia era muy pequeña, y lúgubre, no tenía sino lo justo, un pequeño jergón sobre el que reposar y una pequeña mesa donde se veían algunos legajos en los que recientemente había estado trabajando. A su llegada el monje seguía orando, se veían restos de sangre en sus manos, probablemente se había estado fustigado o recolocando el cilicio. La presencia del monje, en las distancias cortas era todavía más imponente. Tremendamente delgado, su mirada parecida a la de una rapaz, con la  gran nariz, le daban un aspecto poco amigable. Sin embargo, su trato fue tremendamente sutil, parecía mucho más calmado que la noche anterior, y dentro de las posibilidades del lugar y la situación,  fue lo más amable posible, hecho este  que aún tensionaba más al dignatario español. No hubo muchos preámbulos, el monje fue al grano, parecía ocupado y no tenía tiempo que perder.
−Me han informado de su presencia en la ciudad desde la tarde de ayer. –rompió el hielo Savonarola−. ¿Estuvo en el acto de purificación de la plaza? No responda, se que estuvo usted, acompañado de Fray Antonio, el viejo franciscano. Se puede saber qué quiere de un humilde monje el representante de la Católica España en Roma, otrora capital del Cristianismo, y hoy tan sólo un nido de víboras.
−Está usted bien informado −exclamó el español, sorprendido−. Llegué ayer y marcho hoy, no tengo mucho tiempo que perder, Fray Girolamo, mi presencia en Florencia se debe a un mandato de…
−A un mandato del Satanás de Roma –irrumpió Girolamo.
−No, no, ni mucho menos, mi presencia se debe a un precepto de la Católica reina de Castilla, Isabel I. Nada tiene que ver con el Pontífice. Aunque verá, mis intenciones son más políticas que religiosas. En resumidas cuentas, le pido que dé marcha atrás, por el bien de la Cristiandad, por el bien del mundo conocido.
−Me pide un imposible, amigo García Laso de la Vega, soy firme en mis convicciones. He visto mi propia muerte en la pira, mi causa está perdida, y es tarde para ninguna rectificación. Pronto arderé yo aquí, pero la Sodoma de los Borgia arderá eternamente, escrito está. La unidad de la falsa Iglesia seguirá a pesar de mis empeños.
−Sabe usted que está perdido, y ¿aún así sigue en su empeño? Admirable.
−Los caminos del Señor son inescrutables. No hay retractación posible. Amigo español, ¿conoce usted las siete virtudes?
−Conozco las fronteras de mi reino, y las querencias de mis señores, los Reyes Católicos, sin embargo, no estoy en condiciones de competir con usted en cuestiones de dogma –profirió el español, un tanto acalorado.
−Le refrescaré la memoria; humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia. Nuestro Santo Padre no cumple ninguna de las mismas. Estamos gobernados por un usurpador, que a la postre recrea en sí mismo los siete pecados capitales. ¿Los recuerda? Verá como no falta ninguno de ellos en el Papa Alejandro VI. Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. Quizá no en ese orden, pero todos. Tiene y hace gala de todos los pecados capitales, y no contempla ninguna virtud. Yo no romperé con esta Iglesia corrupta, moriré en las brasas, pero las indulgencias, y los pecados, acabarán por romper con esta nueva Sodoma. Amigo, García, no hay remedio para mi causa, pero no temáis, ya sabéis lo que sucederá, marchad en paz.
No hubo más conversación, no hubo diplomacia. La mirada de aquel hombre y su convicción hacían inútil cualquier empeño de hacerle cambiar de opinión. Su pequeña disertación sobre las virtudes y los siete pecados capitales bastaban para constatar que era un hombre de sólidos principios al que no iban cambiar ni los intereses de la Iglesia, ni los de la católica España. Por momentos, el embajador se sintió como un títere movido por hilos de superiores empeños. Todo apuntaba a que Girolamo sabía cómo iba a finalizar el asunto. El tiempo diría si Savonarola había errado en sus premoniciones o si por el contrario estaba en lo cierto. En el fondo de su corazón sabía que no eran huecas las palabras del monje, tenían su parte de razón, la Iglesia estaba corrompida, era la nueva Sodoma, pero, cómo es posible, ahora era él mismo quien se sentía imbuido de las enseñanzas de Fray Girolamo de Savonarola. Pronto llegaría a Roma, la Iglesia al menos seguía siendo universal.

viernes, 20 de septiembre de 2019

El día de la Marmota.


Conforme pasan los días, uno comienza a tener la sensación que tuviera Bill Murray en la famosa película “Atrapado en el Tiempo”, si, aquella película que dio a conocer la tradición de la marmota que anuncia cuánto más a durar el invierno en un estado norteamericano. En este caso, independientemente de marmotas, está claro que vienen varias semanas de duro invierno, lógicamente, hablando en sentido figurado, y haciendo referencia a nuestra situación política.
Nuestra clase política no ha sabido ponerse de acuerdo para gobernar, lo cual es tremendamente preocupante, dado que se trata de repartir responsabilidades y seguir el mandato del pueblo. Yo me pregunto que habría sido de la humanidad, si en la II Guerra Mundial, con casi sesenta millones de muertos en el campo de batalla, hubiésemos tenido líderes como los que nos representan en la actualidad. Pienso en los acuerdos de la Moncloa, donde junto a Marcelino Camacho, recién salido de prisión por su militancia izquierdista, se sentaba Manuel Fraga, ministro del franquismo (régimen) que acaba de expirar junto con el dictador. Son dos pequeños ejemplos de tener “altura política”, superar las diferencias personales o ideológicas en pro del beneficio común. Claro está, yo sólo soy un bobo idealista que cree en la posibilidad de un mundo mejor, y que, confieso, todavía sueño con la utopía de poder cambiar las cosas. Otro mundo es posible.
Parece ser que en nuestros días no cuentan las ideas, partidos como Ciudadanos son un claro ejemplo de lo que aquí afirmo, puesto que su programa es un conjunto de postulados interesados al calor de lo que convenga en el momento determinado. Las ideologías no están de moda, algunos pretenden enterrar a Marx sustituyéndole por asesores que lejos de tratar de conseguir un beneficio comunal buscan un triunfo electoral a cualquier precio. Si Churchill hubiese tenido un asesor omnisciente hubiese dejado de ser el líder que fue, aquel que supo ver el camino donde otros sólo veían la esvástica en Westminster, y ese supuesto gurú, por  contra  aparecería en los libros de historia. Algo hacemos mal cuando un supuesto líder sólo se agarra a lo que sus asesores le dicen y hace, propone y actúa en función de dicho criterio.
El 28 de abril se celebraron elecciones generales, el pueblo habló con normalidad democrática y los resultados fueron muy abiertos, ganaban los socialistas, aunque sin mayoría absoluta. Hasta ahí todo correcto, y sin embargo, esta semana que va llegando a su fin, conocemos que no ha habido forma de conformar un ejecutivo de progreso y hay que ir de nuevo a elecciones. En este momento reconozco que la desazón que tengo es enorme, y de ahí el título de este artículo  “el día de la marmota”, puesto que parece que volvemos a repetir las mismas vivencias de  hace tan sólo cuatro meses. Que desastre de políticos ególatras e incompetentes, no se dan cuenta que el país necesita un timonel lo antes posible, que si este barco en el que vamos todos montados, no elige una buena tripulación nos vemos abocados a zozobrar. Parece ser que tenemos que repetir y repetir las elecciones hasta que salga un resultado lo suficientemente correcto para que sus señorías hagan y deshagan a su antojo. Me niego, se que cambiaré de postura, pero a día de hoy mi posición es la abstención, anda y que les den...tila, señores.  
Pensiones, brexit, oposiciones varias, parados, presupuestos, sanidad, educación, transporte, territorio, todo depende de  que un grupo de señores que no saben construir en democracia, ya han pasado los tiempos de mayorías absolutas y de convertir esos liderazgos longevos por los votos en algo muy semejante a lo que fue por las “botas” (salvando las distancias, se que no es comparable), se pongan de acuerdo para formalizar la voz del pueblo. Ya hemos hablado señorías, no estamos para más historias, tengan un poco de “talla” política y gobiernen que es su trabajo. Buenas tardes con dolor de barriga.  


lunes, 6 de mayo de 2019

Sección Internacional

Mira ensimismado desde la ventana, la neblina apenas permite ver más allá del haz de luz que emiten las  lámparas de gas que alumbran la calle. En la chimenea la madera crepita por el fuego, no hace mucho que han avivado las llamas. Se está cómodo en el apartamento de la calle Baker. El sonido de un violín tocado con mesurada maestría inunda la estancia, parece que así uno se concentra mejor. No le interesa la melodía, sino la capacidad del instrumento para alejarlo del tedio de la vida cotidiana. Hace meses que no encuentra ningún placer intelectual que alimente su ego, cualquier enigma que ponga a prueba su depurada capacidad deductiva. 1884 se está mostrando como un año enormemente aburrido, un par de casos menores y poco más, echa de menos alguna peligrosa aventura que le saque del marasmo en el que vive. 
Tan concentrado está en sus pensamientos y en el violín que no advierte la llegada de su compañero quien  no queriendo molestar, precavidamente, se sienta en el sillón y comienza a leer el periódico. El recién llegado, se retrepa en el asiento, estira los pies, ha sido un día duro recorriendo Londres de casa en casa, pasando consulta a clientes adinerados, bastante quejicas y poco enfermos, a pesar de sus protestas y lamentos. El "Strand" habla de política y sociedad, no le interesa mucho, prefiere la sección internacional, probablemente por su pasado como militar al servicio del imperio, en Afganistán, que tiempos aquellos, cuando era un joven soñador, al servicio de su Majestad, la Reina Victoria. Absorto en la lectura profiere en voz alta; 
-¡Qué curiosos son estos españoles!
La música del violín cesa al instante. El apasionado interprete se percata que no está sólo, no sabe cuanto tiempo ha estado de solista delante de su "educado" compañero de piso. 
- Watson, no sabía que estaba ahí. ¿A qué se refiere con lo de los españoles?
- Nada, Holmes, no se preocupe, le vi ensimismado con el instrumento y no quise interrumpir. Han sido sólo unos minutos. Estaba leyendo el "Strand", y bueno, parece ser que se han celebrado elecciones en España. Han establecido un sistema de turnos de partidos en el poder, se alternan de forma pacífica en el gobierno. 
- Hasta ahí todo normal, ¿no?. Imagino que su sorpresa se debe a algún detalle que ahora mismo no alcanzo a entender. ¿Me equivoco?
- Siempre tan agudo. Si, es un sistema aparentemente normal. Un rey, un Borbón, de origen francés, cosa que no casa mucho con los españoles, sabido es que ambas naciones han tenido numerosos enfrentamientos a lo largo de la Historia. Más allá de la procedencia de la dinastía, es más significativo aún decir que el marco legal, es la Constitución de 1876. Duradera constitución para ser España, creo que son bastante asiduos a cambiar los textos legales, este parece que se está consolidado. 
- Por Dios, amigo,no sabía que aparte de ser usted Doctor en Medicina fuese también un entendido en Historia española. 
- Nada de eso, no se burle usted de mi, sólo es interés, probablemente porque en mi juventud estuve pasando unas vacaciones en Gibraltar, y pude conocer parte del sur español. Que calor Holmes, usted no se hace idea. Pero déjeme que le diga que me ha llamado la atención. El caso es el siguiente, en España no hay democracia, se ha establecido un sistema político inspirado en el nuestro, el británico, pero en el que se manipulan los resultados.
-¿ Cómo es eso posible?, la oposición se quejaría, es impensable que un sistema se mantenga así.
-Nada de eso, el truco está en el acuerdo que establecen los líderes de los dos partidos, hay un trato previo a las elecciones, y así establecen  quien forma gobierno. 
- Pero habría que cambiar los votos..., no lo veo Watson.
- Me divierte Holmes verle boquiabierto a usted, cuando suele ser al contrario. Verá, hay diversos métodos de manipulación. El más escandaloso consiste en sustituir la urna electoral real por otra manipulada...
- ¡Qué barbaridad!
- Sólo estamos empezando amigo, en otras ocasiones, al margen del pucherazo, que es como se llama este sistema, usan otros métodos. Por ejemplo, es normal que acudan a votar los difuntos, a esto le llaman, y tiene su gracia, voto de "Lázaros". 
-Levántate y...vota.
-Cierto, además, también "encasillan" al candidato que debe salir y a través de un sistema jerarquizado y denominado "caciquismo", cada jefecillo local o provincial, hace su trabajo manipulando por todos los medios los resultados electorales. Por eso me asombraba con este país, que hace no tanto fue imperio, y nos dio todo lo que pudo a nosotros, los ingleses. 
- Querido Watson, no me deja de asombrar, yo que pensaba que sus miras no iban más allá de nuestro insigne imperio. Verá, todos los pueblos tienen sus costumbres, sus bondades y sus lacras, nosotros no estamos para dar muchas lecciones. En nuestro Londres, se compra todo, desde opio hasta amor de talonario en el East End. Sin embargo, resulta que en nuestro imperio no existen las prostitutas, o al menos eso dicen las autoridades. De la monarquía, mejor no hablar, mis jóvenes esbirros, los "irregulares", me informan que el insigne príncipe "Albert Víctor", frecuenta la compañía de mujeres de mal vivir, algunas de ellas, infectadas de sífilis, por cierto tremendamente contagiosa, la enfermedad. Ante esto, ¿mejor un Borbón?¿quién sabe? 
- Cuidado Holmes, esas palabras son peligrosas, ante todo, respeto a la Reina Victoria, sería un escándalo.
-Que ella misma se encargaría de cortar de raíz para que no llegase a la opinión pública. Se imagina, un fanático enloquecido asesinando prostitutas en nombre del imperio. Que cosas.
La conversación se ve interrumpida por la entrada de la Señora Hudson en la habitación, rápidamente informa que un señor, aparentemente muy nervioso está en la puerta y requiere los servicios del Señor Holmes. Automáticamente el Detective, mira a Watson dándole a enteder que se ha acabado la conversación, al tiempo que enciende su pipa, ahora es Holmes quien se acomoda en el sillón, e inhala una amplia calada. Conforme expira el humo le dice a la señora Hudson.
-Hágale pasar, veamos que nos cuenta el Inspector Lestrade.
Al tiempo que entra en la estancia el nuevo visitante...
-Pero, ¿cómo ha sabido qué era el Inspector?
- Cada uno sabe de sus cosas, amigo, cierre la boca, ahora la abre usted.

sábado, 6 de abril de 2019

Girolamo

Su cuerpo martirizado se revuelve sobre la tabla que sirve de lecho, el sudor empapa la frente, y cubre el rostro. Tiene fiebre, su cabeza se ladea con fuerza de un lado a otro del camastro, arrastrando el cuerpo tras de si. Es un sueño convulso, inquieto, enfermizo. La boca entreabierta profiere sonidos inconexos, palabras sin sentido, el sueño apacible de hace un par de horas se ha trasformado en pesadilla y ésta en visión profética. El monje observa una sucesión de imágenes en su cabeza, reales, casi se pueden tocar, mesnadas de soldados extranjeros, estandartes, la flor de Lis, un nuevo Papa, corrupción y felonías, la renacida  Sodoma en Roma, y el fuego, las piras, las hogueras. Desde su llegada a Florencia las visiones son más frecuentes, casi cada semana tiene un sueño febril, y aparecen las imágenes en un mosaico desordenado pero que va adquiriendo sentido. Está en la cúspide de su poder, y lo sabe, Lorenzo "el Magnífico" ha sido requerido a nueva vida, y el "nuevo Ciro" francés de momento permite, quizás por temor cristiano, la teocracia que se levanta en la Toscana y de la que él es su máximo exponente. Una pieza nueva del puzzle ha sido descubierta, pero todavía hay tiempo para concluir la obra encomendada. 
Poco a poco van pasando las horas, bastante antes de que el primer rayo de luz ilumine la humilde estancia, el monje dominico postrado sobre sus rodillas reza en el suelo, trata de buscar consuelo a su alma, aunque este es un difícil empeño. Se fustiga y aleja los demonios de la tentación, se abre la espalda en canal, su cuerpo es una enorme herida. El ayuno deja ver una cara cadavérica, donde destaca una prominente nariz aguileña, y un cuerpo huesudo, surcado de héridas generadas por el látigo, las piernas horadadas por el cilicio que cada día lleva más prieto. El visionario lleva a raja tabla la disciplina, la oración, el ayuno, la pobreza, y el ejemplo.
Retumba en la celda la voz que profiere desde el exterior, Fra Domenico de Pescia, está preocupado por la tardanza del prior, y le sugiere presteza, el resto de monjes le aguardan para la alabanza de maitines, es una obligación que no se puede eludir, y que además, no quiere eludir, hay que ser rígido a la hora de cumplir con las obligaciones, más aún cuando uno tiene que dar el máximo ejemplo. Actúa de forma mecánica, repite lo que ya ha hecho otras muchas veces, su cabeza no está ahí, sigue en las visiones, en los sueños, en este caso, la apertura de un nuevo sello, le asusta, por primera vez, desde que comenzó a ver lo venidero, cuando no era más que un niño, en su añorada Ferrara, vislumbra un final, su propio final, y lo más importante, el de su obra. 
Vuelve a su celda, hay que orar, y pedir perdón por los males que acechan al mundo, más ahora que la corrupción se ha instaurado en el Castillo de Sant Angello. Casi ha conseguido culminar su obra, la gente tiene miedo de Dios, piden perdón por ser pecadores, ayunan, sabe el monje, que es el terror lo que les motiva a ser piadosos, pero no hay otro camino, obediencia, penitencia, oración, ayuno y mortificación. Las compañías blancas conformadas por niños huérfanos trabajan en su favor y controlan a los pecadores, además contribuyen a dar cuerpo a la Hoguera de las Vanidades, ellos son los mejores guardianes de la fe. 
El traidor de Roma le ha excomulgado, precisamente a él, que cumple con los evangelios de forma impoluta, de forma radical si, pero es que los tiempos no están para otros miramientos. El diablo corrompe a los hombres, los consume en el vicio y la carne, el Papa es un despojo endemoniado. No hay retractación, no hay vuelta atrás, la única salida es seguir adelante, contra todos, por Dios. 
El día se consume, no hay tiempo para temores, el final está cerca, y los últimos actos deben suceder como él ya ha visto. Sus acólitos lo acompañan desde el Convento de San Marcos, hasta la Catedral, por el camino se la han ido sumando más y más seguidores, algunos con fe en el maestro, otros por curiosidad o miedo. Desde el púlpito ora Girolamo, comienza la predicación, miles de cabezas le observan expectantes, su voz es un susurro, no hay justificación en sus actos, es firme su creencia, su cuerpo mortificado es buena prueba de ello. Las palabras se suceden, aparecen las visiones proféticas, la muerte, las epidemias, el tono se hace caustico, metálico, la mímica apasionada, entre el público los primeros suspiros de temor, los oyentes se dejan llevar por el discurso apocalíptico. Fra Domenico y Fra Silvestro, sus primeros seguidores se agitan nerviosos en sus bancos, el sermón sube de tono. Los salmos son repetidos como parte de la acusación del dominico, son prueba latente de los incumplimientos de la curia romana "aborrezco a los que esperan en Vanidades ilusorias", arderéis en los fuegos del averno, retruenan las palabras en la cúpula del templo de templos en Florencia, " en tus manos están mis tiempos", las miradas recorren aterrorizadas el rostro del orador, "no quieres holocausto", el apasionamiento es tal que se escapan las babas de la boca del monje, quien parece en trance, "edifica los muros de Jerusalén", derriba de una vez esa Iglesia corrupta del falso Papa Alejandro, "entonces te agradarán los sacrificios de justicia", se desgañita  antes de caer sobre sus rodillas llorando y en éxtasis místico, es sólo un momento, sus acólitos rápidamente le arropan, le ayudan, corean su nombre, Girolamo, Girolamo, le acompañan a la plaza de la Signoria, ese día arden las "vanidades", pero pronto, Savonarola sabe que serán sus carnes las que ardan en la pira, escrito está.