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domingo, 27 de enero de 2019

Mentiras "deluxe"

Podría comenzar diciendo que "vamos a contar mentiras", como dice la canción, sin embargo, este artículo no trata exactamente de eso, hablaremos de la mentira, pero en un sentido muy distinto, vinculada al calor que nos da su cobijo en momentos de duda, de desamparo o de auto convencimiento. Es cierto que en algunos casos no denominamos a tal concepto como tal, como mentira, preferimos hablar de fe, de esperanza, de entrega, o hasta de lucha, a lo largo de las próximas lineas trataré de escudriñar estos aspectos. 
El otro día, por la calle me crucé con dos monjas, no se si es signo de mal agüero o de buena chanza, el caso es que sucedió, que me eliminen los dioses si es que miento. Además no queda la cosa ahí, una de ellas era anciana y blanca, la otra joven y de color, probablemente latinoamericana, sabemos de sobra que la Iglesia pierde vocaciones en Mundo Subnormal, y suple la falta con gente de más allá del charco. El caso es que la monja de menor edad iba a paso raudo, sonriente, encantada de la vida, bueno, así es como yo me la cruce por la calle, y frente a esa alegría vital, mi nubarrón racionalista se quedó sorprendido, y me dije a mi mismo, que valor tiene esta gente, entregan su vida en nombre de la fe, de la creencia, de una vida más allá de la Parca. Como siempre viene la duda cartesiana, y nos preguntamos, y si todo esto es mentira, si no existe nada más que este mundo que nos toca. Se trataría de vidas entregadas a una causa inútil, sin embargo, es esa mentira la que les permite ver un cierto sentido divino a un accidente de tráfico, a una violación, o a que un pequeño sea arrebatado de la vida por un pozo ilegal y maldito. Si, si, ya se lo del libre albedrío, pero eso funcionaría con adultos, no con niños inocentes, o con animales irracionales, que también sufren las calamidades de este mundo injusto. No podemos engañarnos, la fe, que puede que tenga mucho de auto engaño, nos da calor y nos mima, ante este invierno constante que es el día a día. 
Hay otra faceta en el engaño que nos aportan las religiones, aquel que se resguarda en la entrega de una pequeña limosna para alimentar al monstruo de nuestras propias conciencias, de nuestra inacción por cambiar la realidad actual, bárbara, desigual, irracional, pero mantenida por espurios intereses económicos de todo tipo. El "buen" cristiano que responde al patrón de "fariseo" al estilo de las Sagradas Escrituras, que se persigna, se confiesa, comulga y entrega cinco céntimos de propina en la parroquia, a la par que pone verde al vecino, envidia a la vecina, aguza la vista desde la mirilla, y taladra con la mirada a todo aquel que no cuadra con sus cortos parámetros de beatería barata. Este tipo de personas viven una tremenda mentira, al pensar que cumplen con los designios de su dios, pero sólo compran lo superficial del mensaje (incienso y rosarios incluidos), y así todo sirio es un potencial terrorista, o todos los marroquíes, los moros, son gente de mal vivir, obviando entre otras cosas, que el propio Jesús, era palestino de nacimiento y judío de religión. Sepulcros blanqueados, hipócritas, que vivís en la mentira y a sabiendas que antes entra un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos.
No es el mismo tipo de mentira, pero también la realidad que crea genera consuelo a sus acólitos, y los engaña en el quehacer de sus labores. Hablo en este momento de las militancias en los partidos políticos, generalmente de izquierdas, pero valen de cualquier tipo de ideología. Así, alguien que milita en un partido supuestamente obrero hace campaña para luchar en contra de las desigualdades, en pro de la emancipación de la clase trabajadora, pelea por un mundo mejor, coloca carteles y hasta defiende a sus líderes (cuidado, que no afirmo yo, que todos los sean) en tertulias, cafés y tabernas de todo pelaje, llegando incluso a la refriega, ya saben ustedes, que en España se puede hablar de todo, menos de fútbol, religión y política. A razón de lo anterior ya sólo me queda un tema para no volver hablar en un tiempo, lo prometo. Sin embargo, en nuestra democracia hace mucho que los partidos dejaron de hacer caso a sus siglas, es más, hasta sucede lo contrario, si un partido asegura ser democrático, probablemente le falten algunos puntos para conseguirlo, o si los estatutos rezan la condición republicana, no es óbice para apoyar a un rey, o a dos. Eso señores lo sabe todo el mundo, los partidos son máquinas electorales, gigantes en busca del poder, y los militantes de los mismos hace tiempo que dejaron de luchar, sólo se hace en beneficio de los intereses propios. Si en el Ayuntamiento colocan a los míos, colocan a los obreros, colocan a los buenos. No, te han enchufado, al menos intenta ser eficiente, y saber que estás ahí haciendo trampas, trabaja compañero.
En fin, esto no da para mucho más, hemos estado trece días agarrados a la fe, a la mentira colectiva que nos daba sosiego, el pequeño no podía morir en ese pozo, la vida no puede ser así, pero nos engañábamos en vano, para no afrontar la triste realidad, y finalmente, la historia ha acabado muy mal, como otras muchas veces. Vivimos bien con nuestras mentiras, con nuestras verdades, afuera de las mismas, hace mucho frío, es propio de la condición humana. Quizás tendríamos que abrigarnos y salir fuera, paliar el frío, mejorar el mundo. Ya empieza el partido del domingo, les dejo señores, ahí tienen el tercer asunto vedado, el fútbol. Que tengan una buena semana. 

domingo, 13 de enero de 2019

El paseito...

Después de los atracones navideños, y probablemente porque no tenía nada mejor que hacer, el otro día,  decidí dar un paseito por la ciudad. Badajoz es una ciudad que se debe conocer a pie, no es una urbe, esas cosas no existen en mi Extremadura, pero el trasiego diario se suele hacer en coche, y al volante se pierde parte del encanto del lugar, que no es poco, créanme. 
En mi deambular fui testigo de la pugna que se abre estos días en "mundo subnormal" entre la resistencia que trata de mantener el alumbrado navideño, las estampas del niño Jesús en sus ventanas, y demás vestigios del ya pasado simulacro de paz y alegría que supone la navidad, y por otro lado, los mil carteles que anuncian el inicio de las Rebajas, y recrudecen la ya de por sí terrible cuesta de enero. No se porque me da la impresión que en nuestro país la cuesta es constante, con pocas etapas llanas, siguiendo el símil ciclista. 
Casi como un autómata dirigí mis pasos hacia la zona vieja de la ciudad, la de calles intrincadas, donde se masca la historia en el aire, cada esquina susurra semblanzas de un pasado remoto y no tan remoto, cada recoveco refiere algún amorío prohibido, y cada balcón ha sido testigo de mil traiciones y conjuras.  Iba inmerso en mis pensamientos, entre desamortizaciones y cambios de gobierno, entre moderados y progresistas, entre Narváez  y Espartero, elucubraciones estas, derivadas de mi dedicación a la docencia cuando comencé a fijarme en algunos detalles que me rodeaban, y que me dieron el combustible necesario para el artículo que tiene usted delante de sus ojos.
En primer lugar me encontré con un muchacho joven, no mas de 18 años, acompañado por su padre, charlaban tranquilamente, pero al pasar por una iglesia, y probablemente derivado de la imagen del "cristo" en la pared, el chaval se persignó devotamente, al menos tres veces. Yo seguí mi camino, ni me inmuté, pero mis pensamientos, hasta ese momento el el siglo XIX, volvieron de repente al presente. Sinceramente tengo que reconocer que me llamó la atención, quizás porque estemos más acostumbrados a ver manifestaciones religiosas en personas de más edad, y no en gente tan joven. A partir del gesto religioso, y con el "ojo antropológico" puesto en marcha, llegué a la conclusión que el tipo fuera cofrade, y que participase con ahínco en las procesiones, portando alguna imagen. Es curioso, a los que nos falta fe, nos llama poderosamente la atención que haya gente, incluso muy jóvenes, que siguen atraídos por la religión y los dramas sociales que se desarrollan en torno a la Iglesia y su sistema de dominación. No se porqué me extraño de esto, la verdad, puedo dar testimonio de alumnos con una tremenda fe en las imágenes religiosas, fe cercana al fanatismo que da la incultura, y muy poco o nulo empeño en otras materias no tan sacras pero si imprescindibles como la Historia o las Matemáticas. 
Seguía con mis reflexiones internas, caminando sin rumbo fijo, cuando observe otra situación. En este caso se trataba de un niño de no más de 11 años, acompañado en este caso por su abuela, digo yo que fuera su abuela, al menos por la edad eso parecía. Venían de algún centro educativo, o cualquier academia de idiomas, refuerzos, ballet o vete a saber tú de dónde, dada la cantidad de tareas que tienen que tener ocupados a los niños hoy en día, mañana o tarde, para que los padres puedan respirar, no se engañen, cada vez se estudia menos. Deduje esta realidad por la mochila, y lo que me indignó, fue que la misma la llevaba la abuela, es cierto que tenía ruedas, pero tiraba de la misma la abuela, mientras que el niño, con cara de pánfilo no hacía ni el más mínimo esfuerzo por ayudar a la afanada señora. El mundo al revés me dije. Cincuenta años o más separan a la abuela del nieto, medio siglo en el que hemos pasado de empezar a trabajar con 9 años y con muchas carencias vitales, a una vida regalada, que hace que los niños no valoren nada y no sean capaces ni de plantearse la anormalidad y también amoralidad de situaciones como las descritas. No se trata de que la gente del siglo XXI, viva como la del siglo XIX, pero debemos hacer un esfuerzo por dejar de sobreproteger e intentar educar gente "independiente" y preparada para la "jungla" a la que deberán hacer frente en pocos años. 
Emprendía el camino de regreso a casa, dando vueltas a lo vivido, cuando,  en otra zona, donde las "ofertas" le ganaban definitivamente la batalla a los "Reyes Magos",  pude observar,  otra desagradable circunstancia que pone de manifiesto lo retorcidos que somos y el poco tiento que tenemos para con nosotros mismos. Resulta que el problema de aparcamiento es algo endémico en Badajoz, al igual que en todas las ciudades, donde un millar de personas se esfuerzan en ir a una calle de tiendas en coche intentando encontrar un lugar donde depositar el auto mientras pelan sus tarjetas al son de promociones cansinas y eslogan vacíos, pero convincentes. El caso es que un conductor, con toda su jeta, llegó a toda velocidad, y aparcó su utilitario, con tanta desgana o mala leche, que no introdujo el vehículo de forma vertical entre las líneas, sino de forma "quasi" horizontal, haciendo que el espacio que quedaba para otro aparcamiento se perdiese, y sucesivamente el resto de coches que aparcaron  en la fila, tuvieron que seguir el patrón del mastuerzo inicial. Digo yo, qué nos costará hacer las cosas bien, pensando un poquito en los demás, y viendo lo que molesta que nos hagan esas "jodeuras" a nosotros, que todos hemos pasado por alguna situación semejante. 
En mi deambular por la ciudad, oxigené mi cuerpo y preocupé  mi ánimo, puesto que me embargó la sensación de vivir una vuelta al medievo, donde la sociedad era supersticiosa y crédula, donde había quienes tiraban del carro de una minoría que tenía por suerte haber nacido en una cuna aristocrática, donde la violencia era la norma, y la solidaridad algo que sólo existía en las historias de juglares o cuentos de niños. Han pasado cientos de años de aquella realidad, pero parece que no estamos muy lejos de sus ecos, y volvemos a sus parámetros intelectuales y comportamentales, olvidando lo que ha costado llegar a una sociedad que con sus "enormes" fallos permite que podamos vivir en libertad, aunque ésta esté siempre atenazada por el libertinaje y la barbarie. 
En poco tiempo estaba en casa, crucé el portal, y a resguardo en el ascensor, el espejo del mismo me devolvió a la realidad y me sacó de mis pensamientos, delante de mí, reflejado, vi mis arrugas incipientes y el pelo cano, ya casi más que las que en su día tuviese mi padre. No se porqué me vino en ese momento a la cabeza el comienzo de la "Divina Comedia", en la que el genio florentino decía estar en la mitad de la vida, tenía 35 años, yo 40, probablemente y salvando las distancias también en la mitad del camino, y al igual que Dante "en una selva oscura" me encuentro. ¿Qué piensan ustedes?. Buena noche amigos. 

miércoles, 31 de octubre de 2018

El Tren de los abandonados.

El hecho de ser la región más pobre del país hace que algunas situaciones terribles pasen desapercibidas en el resto del territorio. Bueno, ya sabemos que en España de lo único de lo que se habla es de la esquina nororiental del país, a la que tampoco vamos a  dar más bombo aquí, por aquello de no hartar al personal. Como habrá comprobado el ávido lector de lo que quiero hablar, o rajar como me dicen algunos, es de la situación del ferrocarril en Extremadura. Ardua tarea, por cierto.
Ya he mencionado en otras ocasiones que en nuestra comunidad tenemos tramos de vía de los años 20, del pasado siglo, si señores, travesaños y raíles de tiempos del dictador, no Franco, antes aún, Primo de Rivera, don Miguel, que también fuese padre de José Antonio, el chico guapo que fundase Falange, pero eso es otra historia. El caso es que raro es el día en que no hay una avería en el tren que atraviesa la región y llega a Madrid, con el consabido cabreo del personal y el cachondeo generalizando en el resto del solar patrio. La cosa ha llegado a tal punto que incluso el Ministro de Fomento se ha atrevido a montar en el tren y ver si es cierto lo que cuentan, y en Extremadura,  siguen como en tiempos de la diligencia o del "pony express" que atrevesase el desierto en tiempos del Far West. La cosa no fue muy mal del todo, y parece ser que el valiente ministro llegó sano y salvo al objetivo, rebajando las quejas sobre dicho medio de transporte y prometiendo mejoras que no creemos que vengan así como así. 
Obviar a Extremadura es algo que viene siendo un clásico desde hace siglos, olvidada desde fuera y vilipendiada desde dentro, porque poco hacemos, y me incluyo yo mismo por mejorar la situación de nuestro territorio. Lo de los políticos en Extremadura es un caso, no se ponen de acuerdo ni en el color de la "caca"  y se arrojan los trastos unos a otros con cualquier motivo que de rédito electoral a sus propios intereses, dejando de lado el futuro de la región. Había que plantarse en serio, o nos dais un tren digno e igual al del resto de comunidades que vertebran el conjunto nacional o liamos un pollo de miedo. Creo, y es una triste realidad, que siendo mansos poco caso nos van a hacer. No se trata de otra cosa que de ser un poco radicales, por una vez en nuestra historia, y plantarnos, hacer frente al abandono con movilizaciones, cortes de vías o carreteras, que un poco mejor están y hacer ver que no se puede seguir así con nuestra Extremadura. Es cierto que no somos muchos, poco más del millón, pero nuestro territorio es grande, y con gran riqueza natural, por cierto nada contaminada, de no ser por centrales nucleares que dan energía a otros territorios, porque aquí no gastamos ni para un cuarto de central. 
Uno se cansa de ser el culo de Europa ante la complicidad de todo el estado español, me río yo de los que dicen que "España nos roba", coño a nosotros si que nos están robando, el futuro, la posibilidad de ser una comunidad atractiva, de progreso, no la cantinela de siempre, una región pobre, de interior, sin infraestructuras, y eso..mansos.No podemos dejar de protestar con todas nuestras fuerzas, de la mejor manera que podamos, eso sí, unidos, dejando las pugnas por las migajas de lo que no quieren en España y reclamando progreso. Eso me temo que pasa por algo más que por poner una charanga en Madrid y pasear cada dos años con la bandera extremeña, silenciados, consiguiendo medio minuto en el telediario nacional. El pasado 8 de septiembre, me quede de piedra viendo en Canal Extremadura el programa con motivo  del día de la región, del día de Extremadura. En la pequeña pantalla sacaban el acto que se celebró en Guadalupe, y sinceramente, me dieron ganas de vomitar. ¡Que barbaridad! pensé, pero de qué están hablando estos tíos, pues si, hablaban de los sesenta trajes que tiene la virgen, y del bordado de los mismos. Todos los alcaldes de la región en el monasterio, los presidentes de las diputaciones, el presidente de la Junta de Extremadura, buena parte de la rancia curia, arrimados, fieles y peregrinos, allí concurridos, y ...en la tele, hablando de la virgen de Guadalupe y sus trajes, pero que vergüenza, de verdad. No podíamos haber hecho algo reclamando un tren digno, celebrando el día en Madrid, y dando un poquito de espectáculo, para simplemente transmitir que no estamos muertos, que existimos. Que salió del día de la región, pues que dependemos de la diócesis de Toledo, ni para eso existimos, y nuestros representantes se sacaron un viaje a Roma para hablar con el Papa, y solventar dicha afrenta, que ojo, no digo que no lo sea, pero me temo que no es prioritaria en comparación con lo que estamos hablando. Cuídate de los mansos.
Pues nada, poco más que decir, insistir en lo dicho hasta ahora, no podemos dejar de pelear, la pugna debe ser seria, comprometida, con algo de ruido, y no cejar en el empeño, no olviden, queridos lectores, que a lo largo de la historia, nadie cede nada, las cosas se consiguen a lo bruto, eso si, con cierto tiento, o como dijera el maquiavélico Bisrmack, golpear con puño de hierro y guante de seda, pero, en fin, señores golpear... El tren de los abandonados llegará a Madrid, parece ser, el día 18 de noviembre, allí estaremos, por Extremadura, por todos nosotros. Que tengan un buen día.  

lunes, 20 de agosto de 2018

Gazpacho Nacional

"Españoles son aquellos...que no pueden ser otra cosa", lapidaria frase que pronunciase Cánovas del Castillo cuando se planteaba la redacción del primer artículo de la Constitución de 1876, aquella que amparase el turnismo político y también el caciquismo, prácticas que por otra parte, siguen vigentes a día de hoy. Es cierto que somos incorregibles, como pueblo y como país, que son dos cosas distintas, dado que no aprendemos de los errores del pasado e incidimos en los mismos males que ya en el siglo XVI quisieron solventar los "arbitristas" y el en el XIX los "regeneracionistas". Estos problemas no son otros que un nivel cultural bochornoso, una clase política arribista y endogámica, una falta de compromiso y de objetivos compartidos, aderezado todo ello, con un alto grado de desconocimiento de lo que ha sido nuestro pasado y del que en buena medida depende nuestro pobre presente. 
Un error común, a mi entender, es considerar España como un territorio unificado por distintos elementos integradores tales como la lengua, o la religión, puesto que siempre han convivido tanto idiomas como credos, en mayor o menor grado de animadversión. A nivel territorial, la España que algunos quieren ver ha sido tan sólo una quimera, puesto que es cierto que las Españas fueron imperio antes que país, y así lo entendieron sus monarcas, desde los Reyes Católicos hasta Felipe II, e incluso el primer Borbón, mantuvo en esa España, privilegios territoriales a los que apoyaron su candidatura en la terna contra el austriaco, sin que eso supusiera problema alguno. España no se puede romper, siempre ha pervivido con muchas costuras que engrandecen nuestro pasado como muestra de convivencia política, territorial, lingüística o cultural. Sin estos resortes es difícil entender España. Ahora bien, cuidado con malas interpretaciones, así desde el mismo momento en que todos aceptamos un marco de convivencia común que llamamos reino de España, y nos guiamos por un texto constitucional aprobado en 1978, se deben compartir esfuerzos en pro de este contrato, y no tirar cada parte hacia el lado de sus intereses propios  obviando ese compromiso común. El nacionalismo está destrozando el "abrazo" del 78, convirtiéndose en negocio para unos pocos y lavado de cerebro para mastuerzos con ínfulas de grandeza y altas dosis de incultura. Aunque he de reconocer, como extremeño que soy, que el invento nacionalista del siglo XIX, ha sido tremendamente rentable para las mal llamadas "comunidades históricas", o periféricas, que se han nutrido y enriquecido al tiempo que territorios como Extremadura han sido ignorados, olvidados, vejados por todos, incluso por los propios extremeños, siempre.
A día de hoy, agosto de 2018, vivimos tiempos inciertos, la Moncloa está dirigida por Pedro Sánchez, que ha llegado a la misma por la primera moción de censura que ha triunfado en toda la historia de la no muy longeva democracia española. Tras los gobiernos de Felipe González y José Luís Rodríguez Zapatero, el socialismo español alcanza de nuevo el poder, en este caso por la puerta trasera, con poco apoyo parlamentario y demasiados préstamos que devolver para mantener el sillón presidencial. El presidente "ocupa" como le llaman en algunos mentideros de la capital, preside un gobierno inestable abocado a dar golpes de efecto y hacer malabarismos para no caerse con todo el equipo. Todos aquellos que apoyan al nuevo gobierno, legal, pero sin pasar por las urnas, exigen el pago de sus apoyos, y como siempre, determinados territorios, aquellos con representación en Madrid, serán beneficiados, y por contra, también los de siempre, obviados. Hay que cambiar el sistema electoral que da cabida a partidos nacionalistas cuyo único objetivo es sacar tajada del estado  en beneficio propio en detrimento de otros territorios libres de ser "históricos", a pesar de Emerita Augusta, el reino Aftasí, Maltravieso o Cancho Roano.  
Parte de este lodazal patrio viene generado por un proceso de Transición que no fue tan idílico como nos han contado, en el que los políticos que participaron en el mismo se movían por los mismos intereses que los actuales, es decir, cuotas de poder e influencia, sillones, y millones, en pro de la democracia, y en la que "el pueblo" fue dejado de lado, como siempre, sabiamente aconsejado por tan insignes personalidades, que alumbraron una Constitución moderna, democrática, pero también con un enorme desequilibrio territorial, y cerrando por la puerta falsa un proceso de conciliación colectiva, que no se ha dado, perviviendo gran parte del cisma del 36, y de los cuarenta años de fractura franquista. Por supuesto que los generales franquistas lo siguieron siendo en 1976, igual de cierto que los  comunistas no se hicieron demócratas después del "pelucazo" de Carrillo, o que  los socialistas tuvieron que aprender su propia ideología después de cuarenta años de vacaciones, que dijeran sus rivales políticos. 
En este panorama, aquellos que en octubre del 75, aclamaban a voz en grito al caudillo en la Plaza de Oriente, se hicieron dos semanas después monárquicos hasta el tuétano, como si aquello de ser republicano fuese de pobres, o de apostatas empeñados en violar monjas y quemar templos. Después de casi cuatro décadas de Monarquía Parlamentaria, los que pensamos en una España republicana, seria, pujante, moderna, y de futuro, nos encontramos con que nuestro principal adalid y apoyo, son los propios reyes, en concreto, el emérito Juan Carlos de Borbón, que dejó de ser el Breve, para montarse en una moto y dilapidar dinero de los españoles, en fiestorros, cacerías y amantes oficiales, al son de Viva la Democracia. ¡Que gazpacho de país!
Mientras nuestros dirigentes se broncean, siempre por y para los españoles, el tema de moda en los medios de comunicación es Cataluña, en un mes, cuando se inaugure el curso político, seguirá siendo Cataluña, si no el País Vasco, y en Extremadura nos manifestaremos por un tren digno en Madrid, el 8 de septiembre día de nuestra región. ¿Conseguiremos algo?, pues pasar el día en la capital y asombrarnos con las maravillas de la técnica, viendo escaleras mecánicas que se mueven solas, y extraños trenes que no se paran y discurren por debajo del suelo, metros los llaman. Fuera de la broma, poco conseguiremos, no tenemos representación en Madrid, no sabemos protestar, y nuestros dirigentes regionales son planos, flojos, blanditos, y yo diría que hasta cortesanos. 
No se puede entender un país de progreso con una mitad a 100 revoluciones y otra a 25, tan sólo es concebible si el tinglado que hemos montado necesita para controlar al conjunto el apoyo de las partes privilegiadas, conformando un monstruo que acabará por deglutir al resto. Un ejemplo sirve gráficamente, de Cataluña se marchan miles de empresas, tiene más de seiscientas mil,  en Extremadura tenemos unas setenta mil, poco que comentar. 
Para finalizar me gustaría hacer una pequeña reflexión hacia aquellos que defienden periodos del pasado sobre la actual y poco justa democracia del presente, que al menos no mata, todos, en nombre de la monarquía, de la nobleza, del terrateniente, del cacique, o de la red clientelar del Ayuntamiento, todos digo, han contribuído al atraso de nuestra región, es hora de agarrar el toro por los cuernos, hemos de formarnos, y gritar muy fuerte para tener cabida en este gazpacho patrio, al menos para  ser un ingrediente indispensable en el mismo, o si no, romper todo el recipiente.  Que tengan buen día.

miércoles, 17 de enero de 2018

El Mercado del Nacionalismo

No sabía muy bien qué título poner a este escrito, y les explico a qué me refiero con esta duda de partida. En los últimos meses la situación, ya de por si anómala, en el funcionamiento de la política patria, ha degenerado en un esperpento que ya quisiera el bueno de Valle Inclán haber vivido. No me quiero referir desde aquí a la situación de Cataluña, es precisamente querer combatir a este nacionalismo de mercado, pesetero e interesado el motivo que gesta este artículo y no sólo me refiero a los que viven del negocio catalán, sino también al resto del país, abanderado por los medios de comunicación, que siguen el cuento a este hartazgo generalizado. Es un verdadero coñazo poner cualquier medio de comunicación en este puñetero país, a todas horas, todos los días, la misma cantinela, el asunto del nacionalismo  catalán que nunca se acaba y que se ha convertido en el heredero del nacionalismo vasco, que copó los anteriores cuarenta años de la "actualidad" nacional. 
Lo que pudiera tener de interesante este asunto, ha devenido con el abuso, en una situación cómica que aburre, cansa y harta al resto de los que formamos parte de este trozo de tierra y sentimientos encontrados que llamamos España. En nuestro país, nos encontramos una serie de territorios, que jamás, (y es jamás en su más rotunda contundencia) salimos en medio de comunicación alguno, y la verdad, que sólo se hable de los mismos siempre, sin posibilidad de conocer otras realidades, más allá de este nacionalismo cutre, idiota y de mercadeo es molesto, ofensivo y hasta, si me permiten, triste. Al resto de España, nos la pela, y siento el término vulgar, pero no negaran que expresivo en su verbalización, que Cataluña haga  tal cosa o deje de hacerla, a mi, como extremeño, lo que me interesa es que mi tierra siga adelante, que tengamos un tren digno, que recibamos más turismo, que el paro baje, que se cobre más, que la distancia con el resto de España, fruto del caciquismo y el abandono se reduzca, que la universidad extremeña mejore, que mis gentes se formen y luchen por lo nuestro, que es lo del conjunto del país, que seamos por una vez vanguardia,  y representemos algo en el país. Todo esto pasa por dejar de hablar tanto de algunos territorios y empezar a mostrar otras realidades que vayan más allá de la esquina nororiental ocupada por Cataluña, diluyendo, no obstante,  las cortinas de humo que vienen bien a vividores, medios de comunicación  y políticos. Hay que apoyar, no tanto con subvenciones y miserias, sino mostrando en  los medios de comunicación las potencialidades de aquellos territorios hoy vedados y excluidos.
La culpa aquí no sólo es de los que viven de la pantomima excluyente del rancio nacionalismo catalán, que es un vano empeño en no querer ver más allá de su propia nariz, puesto que todos, catalanes, extremeños y hasta vietnamitas de cuarta generación, pertenecemos al genero humano y nos diferenciamos muy poco unos de otros. Lo que sea ir más lejos de tamaña verdad, es rizar el rizo y construir diferencias donde no existen, al abrigo de la pela, que es como los pelos del culo, digan lo que digan abrigan. El Nacionalismo catalán ,planteado como esta a día de hoy, no es bueno ni para Cataluña, ni mucho menos para España Por ello, yo quiero que en este país se tenga en cuenta al menos a otros 35 millones de españoles silenciados en los medios de comunicación. Que hartazgo coño. Entiendo que hablar de la situación de Extremadura, región pobre, bastante poco habitada, donde no hay mucho granero electoral, es menos rentable que hacerlo de otros lugares, pero oigan, aquí también tenemos nuestras necesidades, en algunos casos muy superiores a las del resto de lugares, por ser tierra, de todos es sabido, de latifundio, señoritos y miseria, paliada en gran parte en los últimos años democráticos. Pero aún así, Extremadura es Extremadura, y debemos seguir peleando por existir, por tener la importancia que se tuvo en tiempos de Roma, o con los musulmanes. No se puede vender el tema de la peculiaridad de un territorio como aspecto para querer recibir más que el resto, como hacen los mercaderes del nacionalismo, porque si esto es así, más peculiaridades que Extremadura no se tienen en la mayoría del país.
Hemos convertido todo asunto de actualidad en un completo espectáculo de consumo en los medios, y hay cosas que deberían ser más serias, no apelando tanto al mercadeo  y buscando más la lógica que da una dimensión proporcional a la importancia de cada asunto. En dicho sentido el "conflicto" catalán está recibiendo un trato desmesurado, ni es tan indispensable  ni al resto nos importa en tamaña magnitud. En el polo opuesto se encuentran los territorios olvidados, tanto por la Historia como por la dinámica de la actualidad. 
Por tanto, señores de la Televisión española, de cadenas privadas nacionales, desde Antena Tres hasta la Sexta, pasando por Cuatro y Telecinco, hagan un esfuerzo por abrir el abanico informativo y tengan en cuenta a otros lugares y realidades, porque sepan ustedes que el camino cansino por el que transitan, al resto de pasajeros obligados, nos tiene ya hasta los mismísimos huevos. Buena tarde señores, y tomen nota los aludidos. 

viernes, 17 de noviembre de 2017

"Malditas las Guerras"


Aquella mañana de julio, era bien temprano cuando Antonio salió de su casa, tan temprano que “la fresca” todavía permitía respirar, el verano es muy duro en la provincia de Badajoz. Su mujer embarazada había quedado en la cama, para qué levantarse tan temprano, tiempo habría de asarse a lo largo del día. Decidió dar un largo paseo, luego iría a ver a su hermano Rafael, pero de momento le apetecía caminar. La cosa estaba muy tensa en el país, y las pocas noticias que llegaban eran confusas, y alguna de ellas poco tranquilizadoras. Era ya una evidencia que algunos generales africanistas se habían levantado en armas en contra de la República, pero de momento, el gobierno de Madrid llamaba a la calma, no había porque alterarse, la cosa se solucionaría en poco tiempo, de momento el golpe militar no pasaba de las guarniciones africanas y de algunas zonas del país dominadas de forma permanente por la derecha católica o los propios carlistas.  Casi sin darse cuenta, como un autómata, los pasos le llevaron al Negresco, un bar de esos que sirven para medir como marchan las cosas en el pueblo y en el país. Nada extraño, algún paisano que había empezado a empinar el codo más temprano que de costumbre, y la charla incesante de Luís, el dueño del establecimiento, hombre serio, que tenía un cierto aire de marinero, pero que como casi todos los lugareños, no había visto el mar ni en fotos.  Con poco sosiego apuró un cigarrillo al tiempo que daba pequeños sorbos a un café negro, y bastante aguado, en el diario Hoy, no encontró nada reseñable, noticias de corto alcance, obituarios y anuncios de Dentistas con novedosas técnicas y modernas consultas, de momento no debía cundir el pánico. Decidió acudir al Ayuntamiento, ya debía encontrarse su hermano Rafael allí, además le debían abonar unas facturas del taxi que trataría de cobrar, de poco servía ser hermano del alcalde en tiempos de escasez, se dirigió calle arriba, la Plaza estaba despejada, y el Ayuntamiento comenzaba a estar igual de concurrido que siempre aquel lunes 20 de julio de 1936. Con ánimos renovados entró en el consistorio municipal.

Francisco Ferrón se afeitaba en su casa, había dormido mal, el calor era asfixiante durante el día, y por la noche, aunque refrescaba no permitía el descanso, no era suficiente para aliviar las casas. De todas formas, el calor era lo de menos, por su cabeza rondaban otros pensamientos más preocupantes, el país estaba amenazado por la Guerra, los golpistas habían enseñado su cara verdadera, aquel general gallego de voz de pito, aquel Franco se había quitado la careta, ¡cuídate de los mansos!, pensó. Mientras se quitaba el jabón de la cara y se aseaba encendió su vieja radio y con creciente preocupación pudo comprobar que el golpe se extendía, pero aún no había triunfado en todas partes, la República resistía, tambaleante, pero aún viva, había que armar a los obreros, no había otra posibilidad. Rebuscó entre los papeles de la mesa, y encontró el panfleto que había firmado el día anterior junto con otros compañeros de la agrupación local del PSOE, ahí estaba, se titulaba “Extremeños”, y llamaba a la resistencia armada de los obreros contra los “señoritos fascistas”, así los había llamado el bueno de Timoteo en el texto, poco más que eso se podía hacer por el momento. Aunque no le apetecía nada salir de su casa, eran tiempos para andarse con ojo, más siendo alguien señalado como él, que ya había vulnerado la Ley de Huelgas en el 32, se vistió y se dispuso a marchar hacia el Ayuntamiento, donde trataría de sopesar el asunto del golpe militar con el alcalde, Rafael García Calderón. Sin prisas anduvo el corto camino que le separaba del mismo, departió con unas señoras que sabiendo su cargo como concejal le interrogaron sobre lo que oían en las radios. No será posible señor Ferrón que nos metan en una guerra, o señor Ferrón, dicen que Cáceres se ha sumado a la rebelión, ¿verdad que no va a pasar nada?, con una triste sonrisa tranquilizó a las mujeres y llegó a la Plaza. Trasiego de gentes, entró en el edificio, el alcalde ya esperaba su visita.

Desde la ventana el amanecer le permitía observar una era repleta de aperos de labranza, desperdigados a lo largo y ancho del terreno, también se podían distinguir los campesinos que emprendían su tarea cotidiana, y acarreaban bultos que iban situando cuidadosamente sobre burros y asnos. Pronto se encontrarían en las parcelas del camino de Magacela bregando, y no regresarían al pueblo hasta bien entrada la tarde. Para esas horas ya todo estaría decidido, o triunfaba en sus propósitos o acabaría en una oscura celda. Cogió un vaso y lo relleno de anís, bien cargado, ya había repetido esta operación dos veces más, quería estar animado, pero no sobrepasado, la labor requería cojones, y el calorcito del licor bajando por la garganta ayudaba a conseguirlo. Se abotonó el uniforme con esmero, y se puso unas botas que había limpiado y lustrado a conciencia para la ocasión. Frente al espejo acabó de peinarse y atusarse el pelo, que llevaba un poco más largo que de costumbre, sería del ajetreo de los días previos a ese momento. Miró su rostro con satisfacción, respiró hondo, y se dijo que todo iba a salir bien. Una voz desde el pasillo le sacó de sus pensamientos y respondió con voz seca; ya voy, que esperen un poco, ¡coño! En el patio del cuartel le esperaban veinticinco guardias perfectamente uniformados y armados, que se cuadraron cuando vieron entrar al Capitán Gómez Cantos en la esplanada. La arenga poco tuvo de buena oratoria, fue un conjunto de tacos, juramentos y exaltación patriótica, en la que se juró hacer pagar a los malditos rojos sus desmanes en contra del orden y del país. Tras escupir en el suelo y prender un purillo ya prendido anteriormente, ordenó a los guardias montar en los coches, cinco bastaron. A los pocos minutos los guardias se apostaban en los puntos clave de la Plaza, al tiempo que Gómez Cantos con un grupo armado entraba en el consistorio. El reloj de la Iglesia de la Asunción daba once campanadas en ese momento, y otro grupo de hombres, con camisas azules cercaban el centro de la vida de Villanueva de la Serena.

Esta pequeña recreación corresponde al libro que lleva por nombre “Grupo de Cáceres. Fusilados en Medellín”, que ya publiqué en 2007, y que ahora, corregido y ampliado,  aprovechando su décimo aniversario he  vuelto a publicar. No es una novela, ya me gustaría a mí, es un libro histórico, apoyado principalmente en una causa judicial, la que el franquismo emprendió contra estos hombres, en concreto la Causa 4.251/39, y las actas de Pleno del Semestre del Frente Popular en Villanueva de la Serena. Se narra la historia de mi abuelo, y de sus hermanos, así como la de una treintena de hombres de Villanueva de la Serena, y poblaciones cercanas, que se cruzaron con un monstruo de la guerra Civil, el famoso Gómez Cantos, capitán de la Guardia Civil e insigne depurador en los momentos iniciales de la dictadura. Pues eso, lean mi libro, cómo hacerse con él, pues o me mandan un correo, a la siguiente dirección igssuances@hotmail.com, o bien contactan con la Editorial Círculo Rojo y ahí les informarán. Nada más señores, como siempre buena tarde.



martes, 24 de octubre de 2017

"Apatrullando el acerao"

La tormenta catalana parece no tener fin, y desde hace meses no se habla de otra que de "Puigdemont", del artículo 155 y de la ruptura o no de España. Son tiempos difíciles, de los que no sabemos muy bien como escaparemos. En Extremadura el tiempo se ha detenido, al igual que en otras zonas del país, donde quizás, y en función de los acuerdos bajo cuerda entre el gobierno central y sus socios nacionalistas, volveremos a quedarnos sin oposiciones, y recibiremos cero inversiones de todo tipo. Sin embargo, al menos, se ha convocado una manifestación por un tren digno para Extremadura, que se llevará a cabo el proximo 18 de noviembre en Madrid, y que desde aquí apoyamos de pleno ( sin entrar en polémicas de corte político de las que somos totalmente ajenos). ¡Tren digno ya! y también autovía entre Badajoz y Cáceres, y pago de la Deuda Histórica, y porqué no, electrificación del tendido ferroviario, y subvenciones por mantener Extremadura verde y sin contaminar. Y mil cosas más que dejaremos en el tintero de momento. 
Sin embargo hoy me apetece hablar de un asunto mucho más banal, aunque igual de molesto que alguno de los mencionados más arriba. Hoy quiero tratar sobre los vigilantes de la calle, aquellos que se conjuran contra uno en el momento de buscar un mísero trozo de suelo para depositar el vehículo, o más claro, para aparcar el coche sin perecer en el intento. Como todos ustedes saben, circular por cualquier ciudad más o menos transitada del país, supone un riesgo importante, porque es conocido que subir en un auto transforma a las personas, y el manso se convierte en fiero, el valiente en temerario, y el torpe acaba siendo muy torpe y el listo muy listo, con lo que la cosa se complica, y el nivel de ansiedad se multiplica por diez, un tropezón a pie que se solventa con un "perdón, le he pisado sin querer", en el vehículo equivale a un "me cago en las mil putas que te han parido, so cabrón ahí revientes y te partas los cuernos", por un simple adelantamiento sin poner el intermitente. Pues bien, si la conducción es compleja, el encontrar aparcamiento se torna en un empeño prácticamente imposible, de proporciones dificilmente descriptibles. Cuentan los leídos que cuando uno va a una ciudad grande, donde hay que moverse utilizando distintos medios de transporte, salir a la calle supone comenzar a gastar, y cuidado, en nuestra pequeña ciudad de provincias, pongamos que hablo de Badajoz, el gasto también se está generalizando, y no por los medios de transporte, leanse tranvías, metros o trolebuses, sino que el gasto viene en parte determinado por los vigilantes del acerado, o controladores del asfalto, que se pueden referir de ambas maneras. Así, si tienes la mala suerte de pillar el semáforo en rojo, te asalta una "marabunta" de transeuntes con un cepillo en la mano que te ofecen, en el mejor de los casos, a veces ni eso, sus servicios de rallado elegante de luna delantera, al tiempo que te hacen una explicación gráfica de lo complicado de sus situaciones personales, como si los demás viviésemos en un paraiso terrenal y no tuviésemos ningún tipo de problema, cobrando por arañazo la voluntad, que no baja del eurito por sesión, ecuación esta que  al cabo de los días comienza a requemar por dentro como una babilla acida. Si superas el semáforo y la conducción en la jungla, salvando todo tipo de obstáculos, algunos singulares, como el señor mayor que con garrota en mano te indica a voces que pases, que circules, que el se espera un poco más en medio de  la calle hasta que acabe de generar un accidente, comienza la labor de aproximación al objetivo, el ansiado aparcamiento. Siempre que uno va a aparcar y no encuentra aparcamiento, una de dos, o las dos, o bien te haces pipí, o popó, sino como digo las dos, por lo que el carácter y el nivel de ansiedad van "in crescendo" al tiempo que entre el volante y el asiento se libra una ardua batalla de apretujones de vejiga y ventosidades escapistas que hacen que las ventanillas se bajen hasta solas. Cuando el sudor copa el rostro y la esperanza se esfuma entre tacos y juramentos varios, cuando los acelerones y frenazos se han oido cuatro manzanas más allá del barrio, por fin atisbas un hueco, estrecho, feo, casi entallando el coche, pero te parece el mismo paraiso, en poco rato objetivo conseguido, y justo ahí, aparece un tipo elegante que se airea constantemente la camisa, y te da indicaciones brazo en alto, ¡endereza!, ¡gira! ¡tuerce!, se trata de un vigilante del asfalto, vamos de un gorrilla, el de mi barrio no lleva gorra, pero de cara va sobrado, porque coño, no se puede ser tan buitre y estar todos los días con la camisa aireada y soplano un euro por ver un aparcamiento que tú, que vives en esa zona, no sólo has visto es que casi hasta hueles los huecos entre coche y coche. Si contamos los arañazos, los gorrillas y dos tíos vestidos de negro tirando cosas delante tuya en otro semáforo, aproximadamente has gastado en propinas voluntariosas unos tres pavos, que al cabo del mes pesan para economías se sueldo base.
Si la ley de Murphy libra y te libras de los gorrillas te puedes topar con un personaje todavía más peligroso, aquel que pasa día y noche aparacando el coche en la zona y que generalmente no hace otra cosa al cabo del día, por lo que la batalla está inexorablemente pérdida. En mi barrio este tipo de personaje está representado por un abuelete, lógicamente jubilado, con parcela y con dos autos, un Pandilla y un "todoterreno" de los viejos, el caso es que vengas a la hora que vengas está haciendo guardia para aparacar, está aparcando, ha aparacado o, en algunos casos, y tiene dos coches, reserva sitio para uno de sus hijos, si tiene visita. La capacidad de este hombre no tiene límite, una noche me levante a orinar y al pasar por el salón que da a la calle pude ver que ya había comenzado la patrulla, en plena madrugada, este comportamiento enfermizo debe estar diagnósticado, es una especie de "Diógenes" de los vados, terrible de verdad.
Después de superar estas difíciles pruebas, que ya les advierto no todos los tapacubos soportan, por aquello de los volantazos y los tacos, fase ya explicada, por fin te orillas, intentas recomponer la camisa, ha quedado empapada y arrugada, te quitas el sudor de la frente, prueba superada, las pulsaciones vuelven a bajar de ciento ochenta por minuto, una incipiente torticolis te clavetea el cuello por la tensión, se acabó el coche y la batalla, mañana será otro día. Unos pasos más alante te das cuenta que te están observando, que han dado cuenta de todos tus movimientos, juramentos y palabrotas, observas y ahí arriba está con una sonrisilla de triunfo, el tipo ese del primero que trabaja menos que un "espía sordo", otro tipo nuevo de cotilla, el Alcahuete de Nintendo. Como siempre buena tarde amigos.